Artículos relacionados con adolescentes

Identifique si su hijo (a) usa drogas.
>El primer amor
¿Dónde están ahora tus hijos?
El adolescente como reflejo de sus padres.
Cuando ellos dicen: “No Me comprendes”
Abuso de alcohol y drogas en adolescentes
Adolescentes Suicidas
A dialogar con los adolescentes.
Se Solicitan Padres
¡UPS! El retorno a la rutina escolar
Madres solteras-embarazos no deseados

Identifique si su hijo (a) usa drogas.

La mayoría de los padres prefieren creer que las drogas siempre estarán fuera del alcance de sus hijos. Desafortunadamente la realidad es muy diferente de los buenos pensamientos. La vida tan acelerada llena de compromisos y responsabilidades que llevan los padres, hace que estén ingenuamente confiados, pensando que lo que sucede en otros hogares nunca estará al alcance de sus hijos.

Las estadísticas aumentan por la facilidad de conseguir alcohol, cigarros y drogas, teniendo como resultado que los adolescentes tengan que lidiar con estas y mucho más tentaciones a una edad muy temprana.

Muchos padres desearían que sus hijos no tuvieran acceso a estos peligros, pero la realidad es que cada día están expuestos a obtener fácilmente cosas que los padres ni se imaginan.

Antes de que usted como padre se dé cuenta de lo que sucede con sus hijos, sería bueno que aprendiera a detectar si hay algún riesgo cerca de ellos.

Se puede identificar a las personas que usan drogas en distintos momentos:

• Al estar bajo los efectos de la sustancia.
• Cuando experimentan síntomas después de suspender el consumo.
• Cuando hacen cosas para conseguirlas, consumirlas y recuperarse de sus efectos.

Debe considerarse que las drogas provocan diversos síntomas, los cuales se hallan en función de la sustancia y la cantidad utilizada. Mientras hay drogas que permiten y/o provocan euforia, hay otras favorecen a las conductas agresivas e inhiben, por ello se debe mantener alerta ante cualquier indicio de consumo de drogas en los hijos. Si sospecha de alguna actitud al respecto, debe confirmarlo mediante preguntas directas en una conversación, donde prevalezca la confianza y el apoyo, o como última alternativa, proponer un examen de laboratorio. Algunas conductas que pueden ser síntomas del inicio del consumo son:

• Cambios intensos en el estado de ánimo. Por ejemplo: al consumir alcohol en grandes cantidades, las personas pueden variar de humor pasando de la alegría al llanto o agresividad.
• Alteraciones emocionales: se enoja con facilidad, se nota nervioso o muy triste.
• Comportamiento infantil, reírse sin motivo.
• Actitud de aprobación a las drogas, como usar ropa con la imagen de hojas de mariguana o alguna otra droga.
• Desinterés por las actividades cotidianas, trabajo, escuela, familia y amistades.
• Baja de calificaciones sin motivo aparente, no muestra apego por la escuela, quiere abandonarla o asiste irregularmente.
• Tiene dificultades para mantenerse en el trabajo.
• Se reúne con personas que distribuyen y/o consumen drogas.
• Se aparta de las actividades familiares.
• No se preocupa por su arreglo personal.

Si usted como padre tiene sospechas o la certeza de que su hijo(a) está inmerso en la adicción de alguna droga, no cierre los ojos y pida ayuda a tiempo.

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El primer amor

Cuando un adolescente se atreve a confesar a sus padres que está enamorado puede recibir dos respuestas: o lo regañan argumentando que está muy joven para tener novia (o), o le dicen que no necesariamente será su gran amor para toda la vida. Al escuchar dichas respuestas el adolescente se siente incomprendido, se encuentra pensando que no volverá a compartir con sus padres las emociones que está viviendo, cerrando algunas veces un canal de comunicación existente con los padres, quedándole como único medio de comunicación compartirlo con sus amigos, lo cual además de ser escuchado por sus iguales también será asesorado en cuanto al comportamiento a seguir con su nueva relación. Por esta razón, cuando a los padres y adultos  les confiesan un secreto tan importante en esta edad, necesitan reaccionar de forma diferente para impedir cerrar las puertas de comunicación con sus propios hijos.

Tener novio (a) o estar enamorado es algo muy natural en los jóvenes, siempre y cuando se tenga la suficiente información acerca de las nuevas sensaciones y emociones que experimentaran y lo que provocará el alto nivel hormonal que los está acompañando en su crecimiento natural.

Un joven o una jovencita siempre argumentará que tiene todo el conocimiento y la información necesaria para enfrentar el mundo, los padres necesitan dialogar con mucha paciencia, tolerancia y amor para poder ser escuchados, es la oportunidad de aportar toda la información y consejos de lo que enfrentará en esta nueva situación de su vida. Si realmente tiene la suficiente información les gustará escuchar de la voz de su propio padre o madre, que cuenta con el (ella) y que cualquier duda o comentario que tenga, ellos como padres estarán ahí para escucharlos. Definitivamente es un honor que los jóvenes se atrevan a confiar sus dudas e inquietudes a sus mayores.

Es importante hacerle saber al adolescente, que cuenta con un cuerpo que se ha desarrollado lo suficiente para reproducirse y tener hijos, pero aclarando que esto no es lo único necesario para convertirse en padre. Hablar abiertamente de la sexualidad y el manejo que ellos les darán a sus cuerpos, permitirá a los adolescentes no sólo tener la suficiente información, sino también saber que de cada acción le sobreviene una consecuencia. Tener relaciones sexuales como impulso porque así se desea, siempre tendrá una consecuencia en su desarrollo físico y emocional, es como tener el cuerpo y habilidades que se necesitan para manejar un Jet, pero no necesariamente la madurez y responsabilidad para tomar las decisiones adecuadas.

Usted decide: ¿Qué prefiere tener con sus hijos? ¿Buena comunicación u obediencia ciega?

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¿Dónde están ahora tus hijos?

Cuando se ve en las noticias o se escuchan comentarios de serios crímenes, ataques y agresiones que están cometiendo los jóvenes, los adultos ingenuamente piensan que eso nunca estará cerca de su hogar.
En los últimos tiempos, esta escalofriante galería criminal ha indignado a la opinión pública regiomontana, sobre todo por contener dos ingredientes en común: juventud y violencia exacerbada.

¿Qué está pasando? Todos los adultos buscan hoy desde sus diversas ópticas, encontrar una o varias respuestas a esta trágica realidad.

I. Humanizar a la sociedad.
Una comunidad egoísta, en donde cada quien se interesa en lo suyo y donde el sistema social (familia, estado, religión) no logra regular valores. "No le estamos dando prioridad al sujeto por sí mismo", "La familia se ha relajado en su función".
Antes los roles estaban bien definidos, ahora parece que falta tiempo para cubrir las necesidades económicas y va dejando de lado lo más importante: la comunicación con los hijos y educar en valores. Una educación de valores no es dar una fórmula de comportamiento, sino brindar ejemplo de conducta hacia los demás.

II. Fomentar tolerancia
En el primer grupo social que es la familia se tiene que fomentar valores como el respeto, la tolerancia y la igualdad entre el hombre y la mujer. Es tiempo además de que las autoridades establezcan modelos educativos formales.

III. Orientar desde casa
Después de sacudidas tan fuertes como asesinatos y actos violentos de jóvenes contra mujeres, niños y ancianos, hay que intervenir y aplicar una seria evaluación para saber que está pasando en el núcleo familiar. Probablemente existan señales que gritan: ¡Atiende y actúa! Ejemplos: si los hijos se encuentran deprimidos, hurtan pequeñas cosas, participan en pleitos o son abusivos, generan problemas, si la joven viene con un novio tomado, o si una y otra vez el joven no llega a dormir es una señal de alarma.

"Es cierto que muchos jóvenes no se caracterizan por comunicar a sus padres lo que les pasa, sienten que pueden manejar su vida, que necesitan independencia, pero una manera de saber en qué andan es conocer a sus amigos, escuchar sus opiniones, sus temas de interés, sus estados de ánimo”.
"Hay que orientarlos y no sermonearlos ni dirigir la conversación cuando cuentan sus cosas, porque seguro no lo volverán a hacer".
Muchos padres sienten miedo a enfrentar a sus hijos o vergüenza de pedir ayuda especializada cuando se trata de alguna adicción o problema psicológico, pero esa actitud conlleva un grave error.
"A veces los padres niegan o minimizan los problemas que tienen los hijos, y luego se asustan o sorprenden cuando explotan como un volcán".
Abrir los ojos y estar atentos es la clave. Si cada papá o mamá no esta alerta a realidad social y a lo que ocurre dentro de su propio hogar, quizá en cualquier otro momento la trágica historia de las familias que se observan en las noticias podría repetirse y volver a conmover a la Ciudad.
Recomendaciones:
• Conoce bien a las amistades de tus hijos.
• Atiende sus necesidades emocionales.
• Aplica disciplina en casa.
• Promueve en el hogar los valores y la tolerancia a la frustración.
• Evita que se familiaricen con la violencia (es común en algunos videojuegos, películas, letras de canciones y sitios de Internet).
• Nunca dejes a los hijos pequeños al cuidado de sus hermanos adolescentes.
• Enséñales a expresar los sentimientos, pero sin lastimar a otros.
• Alértalos para que eviten amigos o parejas sentimentales violentas.
Focos rojos
Características de una persona que puede llegar a cometer actos violentos contra su pareja.
• Vivió una historia infantil y/o juvenil de violencia familiar.
• Acusa de infidelidad a su pareja y le prohíbe hablar con personas del sexo opuesto.
• Le critica hasta la ropa.
• Separa a su pareja de amigos y familiares.
• Amenaza con dejar a su pareja o quitarse la vida.
• Muestra cambios drásticos de humor y pasa de ser una persona pacífica y tierna a destructiva e iracunda, al grado de golpear paredes y romper objetos.
• Es adicto a las drogas y/o al alcohol.
• Piensa que es inferior o superior al resto de las personas.
• Cree que las mujeres deben ser sumisas y obedientes y que los hombres tienen el derecho de castigarlas.
• Pide relaciones sexuales para calmar su ira.
"Es apremiante que los padres de familia refuercen la comunicación con sus hijos".

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El adolescente como reflejo de sus padres.

Muchos padres se quejan porque en el lugar de disfrutar a sus hijos adolescentes, se la pasan discutiendo y peleando con ellos, llegando a sentirse frustrados y algunas veces heridos por el comportamiento de ellos.

Sacar malas calificaciones, demostrar rebeldía, sacar el enojo, mentir, pelear y buscar problemas son algunos de los estados que pueden manifestar los jóvenes en esta etapa llegando a descontrolar a los padres que intentan reprimir, calmar, controlar y disciplinarlos. Este tipo de conductas muchas veces son presentadas por la gran cantidad de hormonas, los cambios físicos y emocionales que desarrolla todo joven.

Los padres se preguntan qué hicieron mal, e intentan reprimirlos severamente con castigos, otras veces se dan por vencidos dejando totalmente a la deriva al adolescente como un barco en alta mar, sin dirección, y sin control. Lo alarmante es el comentario de muchos padres que ante el dolor y frustración, ponen distancia emocional llegando a sentir que no son sus propios hijos, o peor aún, diciendo que no entienden como pudieron tener un hijo así. Si tan sólo los adultos lograran tomar un poco de distancia y ser honestos con ellos mismos, e hicieran un serio análisis de que es en realidad lo que les molesta e incomoda, podrían darse cuenta que los jóvenes sólo les están recordando su propia juventud y lo más importante, el comportamiento de ellos les dice lo que los padres hicieron con exceso o a la inversa, lo que ellos mismos fueron reprimidos por sus propios padres.

Los hijos adolescentes suelen ser como un “ESPEJO” que se pone enfrente de sus propios padres, como un reflejo de sí mismos. Si es paciente y amoroso el adulto, podrá entender que sólo remueven asuntos internos de sus padres sin resolver, y esto permitirá que se pueda ser tolerante ante dichas demostraciones explosivas y contradictorias, comprendiendo que ni ellos mismos saben qué es lo que les pasa y les permitirá solucionar y arreglar asuntos internos de su pasado.

Esta edad es una transición muy difícil, donde se encuentra abandonando el rol de niño sin ser adulto, enfrenta una nueva identidad “la de adolescente”. Es aquí donde se pueden observar los dos extremos en ellos, la etapa en que están incursionando por ejemplo: un día muestran toda su madures y propiedad, pudiendo aportar las palabras y consejos más sabios, pero al día siguiente, si no es que unas horas después, sorprenden a sus padres y a los que los rodean con un comportamiento de niños pequeños (se pueden pelear con un hermano menor por un chocolate o una pelota).

Recordar que esta edad tiene principio y fin y que está en los padres poder disfrutar y prender de sus hijos, les permitirá mostrarse calmados y amorosos a la hora de convivir con ellos.

La buena comunicación, encontrarse disponibles para orientarlos y guiarlos, es lo que necesitan para madurar y tomar decisiones adecuadas.

Aprenda a disfrutar la adolescencia de sus hijos, ya que sólo la vivirá por unos pocos años.

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Cuando ellos dicen: “No Me comprendes”

Los padres se habrán percatado que cuando sus hijos dejan de ser niños y entran en la adolescencia, experimentan serios cambios hormonales, físicos y emocionales, y ellos mismos como padres, experimentan cambios a nivel hormonal, físico y emocional en la madurez.
Convivir, comunicarse y ser amigo de un adolescente es fácil siempre y cuando no sean los propios hijos. Es en el desempeño del rol de padre o madre, donde se complican las cosas. Por su propia naturaleza, los jóvenes experimentan una rebeldía que puede ser expresada abiertamente o reprimida, pero igual vivida con mucha intensidad.
Esto desconcierta a muchos padres porque desafortunadamente no hay escuelas o clases especiales que enseñen cómo convivir con un adolescente, cómo tener una buena relación con ellos o cómo vivir en armonía. Si esta capacitación existiera, sería mucho más sencilla la convivencia con ellos y no los tomaría de sorpresa la nueva etapa con cambios radicales que experimentarán sus hijos.
Es la edad en que el joven pasará por una serie de transformaciones, las cuales van de la mano con miedos, inseguridades y temores propios de la edad. Los padres por su parte, también están experimentando al mismo tiempo cambios hormonales, físicos y sus propios miedos e inseguridades acerca del futuro de sus hijos y de sí mismos.
Los miedos se inician desde el momento en que el joven deja de ser niño y empieza a tomar sus propias decisiones. Al poner un pie fuera de la casa, los padres lo primero que piensan es si su hijo(a) estará preparado para enfrentar el mundo que los espera.
Cuando un(a) adolescente dice: “Yo puedo decidir mi vida”, la pregunta que se hacen los padres es:
¿La decisión que elija será la correcta?
Cuando dicen: “Yo puedo manejar el automóvil”, la pregunta será ¿Tomará decisiones con la responsabilidad adecuada?
Cundo ellos dicen “Yo hago lo que quiero, esta es mi vida”, la pregunta será: ¿Sabrá los riesgos que enfrentará en esta sociedad?
Esta y muchas dudas mas pasan por la mente de los padres sin saber cómo enfrentarlas, algunas veces toman la decisión equivocada aparentando no tener dudas y miedos colocándose la máscara de padres estrictos y duros. Esto lo único que hace es alejar más a los jóvenes, llegando a pensar que realmente no los comprenden.
Por qué no compartir con los hijos los miedos, dudas e inseguridades que se tienen, sobre todo hablarles del temor de no educarlos bien, preguntarles acerca de sus valores y lo que piensan de la vida y sobre todo, el temor más grande de no ser el padre o la madre que ellos necesitan.
Esto permitirá a los hijos que humanicen a sus padres, bajarlos del pedestal donde los ponen y los pongan a su alcance para que los acompañen y ayuden a entrar a la madurez. Esto los hará más accesibles para cuando los adolescentes los necesiten.
Los jóvenes necesitan apoyo, amor e información para poder madurar sanamente. Si los padres no se encuentran presentes emocionalmente para dárselos…ELLOS LO BUSCARÁN EN OTRO LADO.

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Abuso de alcohol y drogas en adolescentes

El número de adolescentes expuestos a enfrentar decisiones riesgosas para su vida se va incrementando día a día por tener al alcance de sus manos, lo que antes era casi imposible de conseguir como son el alcohol, sustancias tóxicas (como son cualquier tipo de drogas) y relaciones sexuales.
Parecería que a los jóvenes sienten que tienen acceso al PARAÍSO cuando se les otorga la licencia de mayoría de edad. Lo que no se dice es que además de poder entrar a los bares (antros), conducir un carro con autorización legal y acceder a muchos derechos que se ganan con la mayoría de edad, también se les presentan las opciones de poder alcoholizarse sin la supervisión de los adultos, tener acceso a lugares donde tienen la plena libertad de tener relaciones sexuales y conseguir fácilmente drogas.
Los recién ingresados a la mayoría de edad por lo regular responden..."Yo sé cuidarme" "Yo sé lo que es bueno para mí". Queda claro que saben cómo conseguir las cosas fácilmente, pero no siempre miden las consecuencias de sus actos ante decisiones equivocadas.

El cambio radical en sus conductas, graves problemas emocionales, inestabilidad en su estado de ánimo, angustia y depresión, son algunos de los cambios que pueden enfrentar al entrar en este mundo desconocido y riesgoso para ellos. Lo que en un momento surgió como mera curiosidad poco a poco se convierte en una necesidad de la cual el adolescente no podrá salir por si solo. Es probable que se requiera de la intervención de terceras personas, porque inclusive la situación pueda estar fuera de control hasta para los propios padres.

¿QUÉ SE PUEDE HACER ANTE ESTE CONFLICTO?
• Hablar abiertamente sobre este problema.
• Pedir ayuda a los expertos en “Control y Manejo de Adicciones”.
• Participar activamente como padres en el tratamiento y la solución de las adicciones de hijos.

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Adolescentes Suicidas

La adolescencia es un periodo de grandes turbulencias emocionales internas y radicales, así como de cambios físicos. Los adolescentes enfrentan nuevas experiencias durante este periodo de transición de dejar de ser niños, ya que inicia la menstruación, se desarrollan los senos, cambia el tono de voz y empieza un cambio importante hormonal; y no ser adulto, pues su cuerpo lo parece, pero no tienen los mismos derechos y privilegios.
Se conocen nuevas amistades, inician relaciones diferentes asociadas a los cambios de escuela y amigos que enfrentan la misma situación, tienen que decidir acerca de su futuro escolar y profesional y empiezan a cargar la responsabilidad de las decisiones que antes no se les otorgaban por ser niños. Sin embargo, algunos adolescentes se sienten sobrecargados de responsabilidades e incertidumbre acerca de lo que les pasa y no tienen o no saben a quién recurrir. Tratan de resolver o aliviar estos sentimientos ingiriendo algunas sustancias tóxicas o "automedicándose" para aliviar el dolor y la ansiedad. La angustia que experimentan la resuelven ingiriendo bebidas alcohólicas, las cuales temporalmente les hacen sentir un estado alegre y de euforia, pero después de determinada cantidad los deprimen aún más, o pueden expresar su angustia y frustración a través de acciones violentas o de rebeldía.

Ellos no entienden, no se atreven, no quieren hablar con otras personas acerca de sus emociones y de cómo se sienten porque piensan que no serán escuchados, o peor aún, que se burlarán de ellos. Frecuentemente estas turbulencias internas hacen que ante tanta angustia atenten en contra de sus propias vidas.

Identifique las señales
La más importante señal de que un adolescente corre peligro de suicidarse es la depresión, el abuso del alcohol, abuso de drogas y conductas agresivas y/o autodestructivas. Los adolescentes que consideran el suicidio como una opción generalmente se sienten solos y sin apoyo, sin esperanzas y rechazados. Se sienten especialmente susceptibles y vulnerables cuando sufren alguna pérdida, al ser humillados, al experimentar algún trauma de niños, al obtener malas calificaciones, al enfrentar algún rompimiento en su noviazgo, al tener padres que abusan de drogas, alcohol, son abusivos y violentos, si la familia es disfuncional o sufren rupturas, separaciones, agresiones o pérdida de alguno de los padres o de ambos.

Sin embargo, los adolescentes pueden estar deprimidos y sentir deseos de suicidarse aunque no tengan ninguna situación adversa en su vida. Los adolescentes que planean cometer un suicidio comienzan a llevarse de la casa sus cosas preferidas, limpian su cuarto (como un símbolo de despedida) o tiran muchas cosas a la basura como sus objetos personales y favoritos.

Después de un periodo de depresión, el adolescente puede empezar a mostrarse repentinamente alegre y eufórico porque piensa que con la decisión de terminar con su vida ha "encontrado la solución" a todos sus problemas.

Las personas jóvenes que anteriormente han intentado suicidarse en el pasado o que han hablado acerca de suicidarse, están en gran riesgo de intentarlo o hacerlo en un futuro.
Escuche y ponga atención a expresiones como "Yo estaría mejor muerto" o "Muy pronto ya no seré un problema para ustedes".
¿Qué se puede hacer?
No se puede ayudar a los jóvenes en peligro de suicidio recomendándoles lecturas de motivación o explicándoles todas las razones importantes que tienen ellos para seguir viviendo. Lo que ellos necesitan es ser tranquilizados sabiendo que tienen alguien con el que cuentan y pueden confiar, alguien con quien puedan hablar de sus sentimientos y discutir sus problemas. Debe ser una persona capaz de escuchar, que pueda tranquilizarlo, que entienda y tome en serio el problema, que pueda explicarle que la depresión y tendencias suicidas y deben ser tratados por un profesional y que el uso del tratamiento adecuado su problema tendrá solución.
El medicamento recomendado le corresponde a un experto en la materia y se necesita vencer el tabú de recurrir a pedir ayuda a un profesional de la salud mental.
Existen muchas alternativas para tratar estos casos y es responsabilidad de los adultos intervenir a tiempo, sólo necesitan tomarse el tiempo para observar la conducta y hablar con los adolescentes acerca de sus sentimientos y sus problemas para prevenir una tragedia. Haga saber al adolescente que la ayuda está disponible al igual que usted.

Es importante que el adolescente cuente con una persona adulta a la cual le tenga confianza y pueda recurrir, como un profesional de la salud mental, un consejero escolar o la intervención directa de los padres cuando observen siguientes síntomas:
• Estados depresivos.
• Abuso de sustancias tóxicas (drogas).
• Frecuentes episodios de huidas de casa o problemas con la policía.
• Familias disfuncionales e inestables.
• Pérdida de un familiar cercano y amado por el adolescente.
• Problemas graves con los padres.
• Expresiones como "Me voy a matar", "Todos estarían mejor sin mí", pensamientos suicidas o hablar frecuentemente de morirse.
• Cuando presentan momentos de tristeza o aburrimiento severos.
• Alejamiento y aislamiento de familiares e incluso amigos.
• Embarazos no planeados.
• No mantener interés en actividades que antes disfrutaba y le producían entretenimiento y diversión.
• Conducta impulsiva y agresiva, frecuentes expresiones de coraje y odio.

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A dialogar con los adolescentes.

Muchos padres prefieren que sus hijos sigan las reglas y la disciplina en lugar de tener una buena comunicación con ellos.

Los jóvenes en la actualidad cada día se alejan más y más de los adultos como una forma de sentirse más libres, llegando a tomar como modelo a los propios compañeros de su misma edad. Realmente es alarmante la poca importancia que los padres le dan a lo que está sucediendo en la actualidad con sus hijos. Se Concentran en que sus hijos sigan al pie de la letra las instrucciones y las reglas del hogar y se olvidan que lo más importante es cómo se sienten y que necesitan.

Al observarlos envalentonados y retando todo tipo de autoridad parecería que dentro de ellos se encuentra una persona adulta con conocimiento suficiente del manejo de su vida. Lo que sucede, es que los jóvenes usan máscaras para protegerse de su fragilidad e inseguridad, pero sobre todo, para ser aceptados dentro de su mundo social. Los padres necesitamos recordar primero lo que nosotros mismos vivimos cuando teníamos esa edad y sobre todo, cómo nos sentíamos con nuestros propios padres. En segundo lugar, debemos entender que detrás de un muchacho (a) que tiene su cuerpo casi como el de un adulto(a), hay una persona asustada con el mundo al que se está enfrentando y para el cual la mayoría de las veces no se encuentra preparado. Tener el cuerpo de un adulto no necesariamente significa pensar como adulto. Dejemos de criticar y asustarnos de los jóvenes, y tomemos la iniciativa de acercarnos a ellos. Conozcamos su mundo y sobre todo, usted decide que prefiere qué le obedezcan obligándolos a que respeten, o qué se revelen a sus imposiciones a tener buena comunicación con ellos. Así sabrá que tipo de información necesitan ante la problemática que están enfrentando y sobre todo, usted será la primera persona a la cual recurran en caso de necesitar ayuda.

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Se Solicitan Padres

El tema del suicido entre los adolescentes podría ser demasiado repetitivo, pero por otro lado los artículos, estadísticas y notas de los diarios han sido insuficientes para detener este terrible acontecimiento por el que están pasando los jóvenes, y en el que los adultos estamos implicados por ser los responsables de nuestra juventud.

Por parte de los adultos no se ha proporcionado suficiente información y tiempo para impedir dichas pérdidas, por estar ocupados, ausentes, pasivos o por el desconocimiento que es lo más terrible.

Sabemos muy bien el dolor que experimentan los familiares cuando un adolescente integrante de la familia se ha suicidado. Entendemos las recriminaciones que ellos mismos se hacen, dudas y preguntas sin respuesta, los "hubiera...", "sin tan sólo...", y "a lo mejor si...". También sabemos que será un proceso largo, lento y doloroso para aceptar la pérdida y poder elaborar el duelo para despedirse del ser amado.

¿Qué los lleva a la decisión?
Generalmente tendemos a pensar que el suicida toma la decisión y la efectúa en ese momento como si fuera un impulso, pero esto no es así, aún en los casos del que se suicidó totalmente intoxicado por alcohol o sustancias tóxicas ya había demostrado sus tendencias, o mínimo comentado algo acerca de suicidarse. La persona suicida cuenta con un historial de problemas, tristezas, depresiones, rechazos y siempre hay personas de la familia o amigos muy cercanos que se encuentran enterados.
Minimizar estos problemas o negarlos, argumentado que son chifladuras o cosas de la adolescencia, sólo los agrava más y puede desencadenar resultados fatales.

Éstos son algunos de los síntomas que pueden mostrar:
• Estados depresivos.
• Abuso de sustancias tóxicas (drogas).
• Frecuentes episodios de huidas de casa o problemas con la policía.
• Familias disfuncionales e inestables.
• Pérdida de un familiar cercano y amado por el adolescente.
• Problemas graves con los padres.
• Expresiones como "me voy a matar", "todos estarían mejor sin mí", pensamientos suicidas o el hablar frecuentemente de morirse.
• Momentos de tristeza o aburrimiento severos.
• Alejamiento y aislamiento de familiares e incluso de amigos.
• Embarazos no planeados.
• No mantiene interés en actividades que antes disfrutaba y le producían entretenimiento y diversión.
• Conducta impulsiva y agresiva, frecuentes expresiones de coraje y odio.

¿Y los que no muestran síntomas?
Otro tipo de personas en alto riesgo son los adolescentes "pasivos", aquellos jóvenes que pasan desapercibidos ante el alto riesgo en el que se encuentran, y que sus amenazas o intentos son ignorados o tomados en cuenta como diversión, rebeldía o desafío.

Tenemos a los jóvenes que después de ingerir bebidas alcohólicas hacen sus apuestas a ver quién es el más valiente al manejar el automóvil, e inicia una carrera por una gran avenida sin detenerse en los altos y mucho menos en los semáforos en rojo. Otros cambian el reto a través de medir su capacidad de tomar más bebidas alcohólicas hasta llegar a la completa intoxicación (aquí la jovencitas suelen comentar que no recuerdan nada ni siquiera en la cama de quién despertaron, si tuvieron la suerte de despertar).
Otra forma más oculta, pero igual de pasiva, es cuando deciden tomar decisiones de alto riesgo y estar en el lugar y con la persona equivocada a la hora de ocurrir la tragedia.

Escribir sobre este tema es difícil y doloroso, sobre todo si se tienen hijos que tienen posibilidades de correr el mismo riesgo, pero no hablar de ello nos convertiría también en cómplices pasivos de una pérdida que se puede evitar.

¿Cómo evitarlo?
Fácil, porque está en nuestras manos, pero complicado porque depende de la relación que se tenga entre los padres y los hijos adolescentes y el nivel de comunicación y confianza.

Lo primero que se necesita es despojarse de la soberbia de adulto que todo lo sabe y todo lo entiende, y que a través de sermones y castigos lo puede arreglar. La humildad es necesaria para poder reconocer que se están viviendo situaciones disfuncionales en la familia, y que existe un adolescente en riesgo que se salió totalmente de control y que no existe ninguna comunicación con sus respectivos padres.

¿Qué estaría dispuesto a hacer?
Creo que la respuesta obligada es todo. Dejemos a un lado el poder que nos confiere el ser adultos, pidamos ayuda, hablemos del problema y enfrentemos con humildad la incapacidad de resolverlo. El saber que se evitó una muerte justifica la existencia de cualquier ser humano y así sentirá que su misión en esta vida está cumplida.
Haga saber al adolescente que la ayuda está disponible al igual que usted.

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¡UPS! El retorno a la rutina escolar

Después de estas vacaciones, encontramos que los adolescentes (y algunas veces también los hijos menores), alteraron radicalmente los horarios establecidos en el hogar. Los papás pensaban que se volverían locos con tanto desorden y el padre acostumbrado a convivir poco con los hijos por las exigencias del trabajo, pero teniendo grandes expectativas de platicar y pasar un buen tiempo con ellos, recibe la sorpresa de que sólo estaba de espectador sin entender qué pasaba. La madre, que habitualmente tenía una rutina en el desarrollo de la casa, observa que esta se convirtió en un caos cuando los adolescentes presentaron lo que considera “in-admisible” como son el desorden y malos hábitos a la hora para dormir, el horror de ver que sus hijos se levantaran después del mediodía, que comieran a deshoras o cualquier cosa fuera de lo esperado, las entradas y salidas de ellos y sus amigos en el hogar. Esta situación va creando un grave conflicto entre las generaciones.

Ingenuamente los padres piensan que enero es un mes mágico en el cual todo volverá a la “normalidad”, pero la gran sorpresa es que ahora, en este mes de enero con el frío y los malos hábitos adquiridos, probablemente experimenten algo de rebeldía y resistencia para retomar la rutina habitual que les organiza su tiempo y les permita tener mejor rendimiento escolar.

En los primeros días de regreso a la preparatoria o incluso a la universidad, los adultos necesitan toda la paciencia y sabiduría para no violentar y engancharse en pleitos, gritos y sermones que dañará la relación con sus hijos. Hay que cosas que no tiene sentido discutir y debemos marcar límites, pero sobre todo, recordar lo que significa la palabra adolescencia: (adolece quiere decir no tiene y ¿Qué es lo que no tiene? Madurez para tomar sus propias decisiones y responsabilidades, sensatez para ver lo que les conviene y estabilidad para sostener las promesas y buenas intenciones).

Lo esperado por muchos padres es que los hijos jóvenes se incorporen inmediatamente al ritmo que venían desempeñando antes de las vacaciones Navideñas, que respondan como adultos, lo que es una verdadera fantasía. En la mayoría de los casos, esto no será posible, porque la juventud en estos tiempos presenta un comportamiento radicalmente distinto al que en el pasado presentaron nuestros propios padres.
Cuando los adultos-padres eran adolescentes, las reglas solían ser más rígidas y los permisos y salidas con amigos en las vacaciones eran supervisadas, regidos por horarios muy estrictos bajo la mirada de los propios padres (que ahora son los abuelos) y las formas de diversión, así como el acceso a los lugares de reunión totalmente diferentes.
Pensar en salir de casa cerca de medianoche y regresar en la madrugada era algo imposible de contemplar, además no existían lugares que estuvieran abiertos hasta la madrugada y mucho menos estaban de moda los famosos “antros”.

Los padres de ahora, con hijos adolescentes tienen que lidiar con una serie de retos en cuanto a las costumbres, formas de divertirse y comunicación con sus propios hijos. La computadora les permite quedarse “chateando” casi toda la noche, los antros que aceptan la llegada de los jóvenes cerca de medianoche, y el acceso al coche desde temprana edad, genera un choque cultural que muchas veces desencadena grandes conflictos dentro de la familia.
Pensar que se puede educar a los hijos de la misma forma que lo hicieron nuestros propios padres es un error. Primero se tiene que reconocer que la época es diferente y que ellos también lo son.

Encontrar la medida adecuada para que sean parte de la sociedad e interactúen sanamente, ahora se presenta como una tarea difícil de enfrentar para los padres y sobre todo, la rapidez con la que se han hecho los cambios, no permite que los padres logren asimilar dicha información y adaptarse a las medidas que van de acuerdo con ellos.
Recordar que esto es sólo una etapa, poner límites amorosamente, insistir en las responsabilidades que deben asumir y sobre todo, y lo más importante: no perder la comunicación con ellos, aunque piensen que los padres somos, rucos, ñoños, viejos y fuera de onda, ellos siempre necesitarán de una guía que les marque la pauta.

“Ojalá sea un Padre o Madre” con la fortuna de que sus hijos puedan recurrir a usted.

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Madres solteras-embarazos no deseados

Enfrentar la vida con hijos, teniendo un compañero que colabore en su educación y formación es una tarea difícil de realizar. Pero enfrentar la misma realidad como madre soltera en la edad de la adolescencia, sin pensar que de un día para otro esto iba a suceder, se vuelve una situación verdaderamente complicada y estresante, por haber irrumpido en la vida adulta sin estar preparada (FÍSICA, EMOCIONAL E INTELECTUALMENTE). Esto las toma por sorpresa, no saben qué hacer, a quién recurrir y sobre todo no entienden por qué les sucede esto a ellas y mucho menos que les haya roto de tajo sus planes de juventud. Puede ser demasiado doloroso y aterrador muchas veces, la joven se derrumba sin poder encontrar una puerta de salida ante dicha situación. Sin el apoyo de nadie más, sólo con sus propios recursos y algunas veces con el apoyo condicionado o el rechazo de los padres, se encuentra de un día para otro enfrentando la vida sola y con un ser que pronto la acompañará y la llenará de responsabilidades, sin dejar de sobrecargarla de todas las emociones que dicho evento traerá consigo.

Las razones por las cuales esto es mas frecuente cada día, son diferentes:
• La ingenuidad de las jovencitas.
• Sentir que a ellas nunca les pasará.
• Fantasear mágicamente que si esto sucede, su pareja se hará responsable.
• La total ignorancia de las consecuencias de tener relaciones tempranas.
¿Que les espera a estos niños?
Resultaría muy fácil criticar, censurar o desvalorizar a una futura madre y las razones por las que llegó a dicho compromiso. Pero de algo estoy segura, que detrás de cada una está una joven asustada, angustiada y presionada por cómo enfrentar dicha situación y el futuro que le espera a ella y a su hijo.

Preparar a los hijos adolescentes para el futuro y para el mundo que fuera del hogar les espera, es cada día más complicado. La solución está en la prevención, pero cuando esto es imposible y el embarazo inevitable, hay que preparar a la futura madre para que desarrolle bien su papel y sobre todo, asuma lo mejor posible sus responsabilidades.

No podemos cortarles las alas a las jóvenes que han pasado por esta situación y mucho menos estigmatizarlas, démosles la oportunidad de aprender esta difícil lección. Enseñémoslas a reparar su vida y la de su propio hijo, evitando que vuelva a caer en el mismo error. No condenemos, aportemos la experiencia de ser adultos y ayudemos a que esto se prevenga en la sociedad.

Se ha demostrado que muchos niños nacidos en estas condiciones, son obligados por la situación a desarrollar sus propias capacidades internas y sobre todo, a enfrentar las circunstancias adversas en forma adecuada, logrando ser adultos exitosos, reconociendo y apreciando el esfuerzo de su propia madre, siempre y cuando ella haya superado y enfrentado la responsabilidad en una forma digna.


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