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Anhelos Postergados
En la actualidad, la mayoría de las mujeres sufrimos una gran confusión para identificar el estado de ánimo por el que estamos pasando. Lo más común es que cuando estamos sufriendo un exagerado cansancio, agotamiento, falta de concentración o desinterés, nos referimos a este estado como "depre".
Pero existe una gran diferencia entre la depresión, que es un estado provocado por causas exógenas, como algún acontecimiento externo real que nos lastima gravemente y las endógenas, que es deprimirse sin causa aparente por la necesitad de un químico en nuestro sistema nervioso, y que se resuelve con un antidepresivo.
Cuando una mujer lleva demasiado tiempo sin hacer un alto en sus actividades, sin ponerse en contacto consigo misma, sin tener un momento de introspección y de comunicación interior planteándose sus necesidades más importantes, llega a perder la cualidad de percibir lo que es demasiado y lo que no es suficiente, rebasando sus propios límites.
Cuando pasa mucho tiempo sin detenernos a pensar en nosotras mismas y que tendríamos que parar, empezamos a perder las ideas creativas perdiendo así la capacidad de concentrarnos en quiénes somos, y no sabemos lo que hacemos y para qué lo hacemos.
Pensar "llevo demasiado tiempo trabajando como burra", "Estoy tan cansada que ni siquiera sé lo que hago o digo", se refleja en no saber la respuesta a cuestiones que son determinantes en la vida, como sentir que se malgasta la vida en un trabajo, en una tarea inútil o insatisfactoria o en una relación destructiva. Cuando una mujer lleva demasiado tiempo lejos de sí misma, cada vez se siente menos capaz de avanzar por la vida.
En lugar de tomar las riendas de su existencia, deja que alguien más las tome decidiendo por ella. Está tan exhausta y aturdida que pasa por delante del lugar en el que podría hallar alivio y consuelo.
El cansancio o agotamiento está integrado por ideas, tareas y exigencias que no dan resultado, carecen de vida y no le aportan ninguna vida o motivación. La mujer que se encuentra en semejante estado se amarga, se vuelve irritable, es cada vez más exigente, pero al mismo tiempo está cada vez más dispersa. Cuando se llega a este extremo, no queda más remedio que hacer una cosa; la mujer sabe finalmente que tiene que hacer algo, detenerse y pensar en ella misma.
Hacer un alto es muy importante cuando la mujer ha estado ocupada en cuestiones y actividades del mundo exterior y ha permanecido en él demasiado tiempo.
¿Hasta cuándo?
Cada mujer es distinta, basta decir que las mujeres saben con absoluta certeza cuándo han permanecido demasiado tiempo en el mundo sin tener contacto con sus necesidades interiores, y que es hora de ir a ese lugar interior y ponerse en contacto con sus propias necesidades. Sus cuerpos están en el aquí y ahora, pero sus mentes están muy lejos.
Algunas mujeres se mueren de ganas de iniciar una nueva vida, viven simplemente para el mes que viene, hasta que pase el semestre, están deseando que termine el invierno para poder volver a sentirse vivas, están deseando que llegue una fecha místicamente establecida en algún momento del futuro en la que finalmente serán libres de hacer algo prodigioso.
Experimentan desasosiego, sensación de privación, nostalgia. Esto es algo permanente que se va intensificando conforme pasa el tiempo. Pese a lo cual muchas mujeres siguen con sus rutinas cotidianas, miran con expresión sumisa, sonríen con afectación y se comportan como si se sintieran culpables. "Sí, sí, ya lo sé" -dicen-. Tendría que hacerlo, pero, pero, pero...". Los peros de sus frases son la señal que ha permanecido demasiado tiempo en el mundo exterior.
Algunas mujeres temen que los que las rodean no comprendan su necesidad de tomarse un tiempo para sí mismas, y puede que no todo el mundo las comprenda, pero la que tiene que comprender es la propia mujer.
Cuando una mujer respeta sus propios ciclos, los que las rodean tienen que entregarse a la tarea de su propia individualización y a la resolución de sus propias cuestiones vitales. Esto propicia el crecimiento y el desarrollo de los demás.
Hay que dejar en claro que estos momentos de introspección y comunicación consigo misma pueden ser muchas cosas distintas para muchas mujeres distintas. Es importante entender que esto no cuesta necesariamente dinero, y que hay maneras, muchas son profanas y otras divinas. Este contacto con una misma se pueden traducir con leer un libro que nos ha emocionado, hacer una larga caminata, estar en compañía de un ser amado sin la presencia de los niños, caminar esperando el amanecer, tener un amigo especial, sostener a un niño en brazos, ponerse a escribir, plantar procurando ensuciarse las manos, contemplar la gracia, la belleza, la conmovedora fragilidad del ser humano.
No es necesario emprender un largo y arduo viaje, pero tampoco se trata de dar a entender que se trata de algo muy simple, porque exige vencer una considerable resistencia tanto si es fácil como si es difícil. Para empezar, una mujer tiene que alejarse, estar consigo misma, y hacerse las preguntas correctas.
• ¿Cómo me siento?
• ¿Por qué me siento así?
• ¿Qué necesito, arreglar, cambiar o desechar de mi vida?
Y aprender cuándo decir: "Sólo hasta aquí y no más", "Sólo esto y nada más".
Y lo más importante, decir "Alto, necesito tiempo para...".
Probablemente esto provoque el enfado de los demás, pero esto es preferible antes de tener que alejarse finalmente a rastras sin energía para renovarse. Por consiguiente, las mujeres que están cansadas y transitoriamente hartas del mundo, que se tomen un poco de aire libre e interrumpir sus actividades, "ya es hora de que despierten". De volverse a sentir enteras y plenamente vivas.
Promesas rotas
¿Le suenan conocidas las siguientes frases?
• "En cuanto termine esto... podré descansar".
• "Cuando los niños crezcan estudiaré o trabajaré o haré...".
• "En el próximo verano tomaré vacaciones y descansaré".
• "Cuando termine de limpiar, cocinar, haré...".
• "Cuando me sienta segura me atreveré".
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Como vivir las relaciones sexuales con responsabilidad.
Llegó el momento de que también los adultos se responsabilicen de sus relaciones sexuales, y que estén bien orientados de las enfermedades más comunes de transmisión sexual.
Existe la creencia errónea que por ser adulto se está exento de contraer una enfermedad venérea, y esto es reforzado por la creencia de que si se tiene sólo el cuidado de no embarazarse lo demás ya no ocurrirá.
Lo más doloroso para las mujeres es que sabiendo que están en una edad madura, y que tienen el derecho de decidir cuándo y con quién se tendrán relaciones sexuales, son las más afectadas por nuevas enfermedades, que aunque son más comunes y alarmantes en U.S., ahora ya las tenemos en nuestro país, sin tener una cultura clara de que hacer cuando se contagian de ellas.
LA CLAMIDIA está entrando en las estadísticas de México, y lo más sorprendente es el factor sorpresa, porque no hace diferencia entre casadas y solteras y se está volviendo amenazante ante el desconocimiento de dicha enfermedad. Los adultos tienen la creencia de que sólo con hacerse el examen del VIH o SIDA estarán protegidos, pero esta es una enfermedad silenciosa que presenta síntomas tiempo después de ser infectada. La clamidia es una enfermedad de transmisión sexual frecuente causada por la bacteria Chlamydia, que puede dañar los órganos reproductivos de la mujer. Generalmente no presenta síntomas o tiene síntomas leves, pero hay complicaciones graves que pueden ocurrir “en forma silenciosa” y causar daños irreversibles como infertilidad, antes de que una mujer se dé cuenta del problema. Es por eso que se le conoce como la enfermedad “silenciosa”, porque casi tres de cada cuatro mujeres infectadas y cerca de la mitad de hombres infectados, no presentan síntomas. Si hay síntomas, aparecen generalmente entre una y tres semanas después del contagio.
Muchos casos no se reportan porque la mayoría de las personas con este virus no saben que tienen la infección y no se realizan las pruebas necesarias para detectar la enfermedad. Además, es frecuente que se traten los síntomas y no se hagan las pruebas de detección.
Toda persona sexualmente activa puede ser infectada. Entre mayor número de parejas sexuales tenga la persona, mayor es el riesgo de infección. Las niñas adolescentes y las mujeres jóvenes que son sexualmente activas, están expuestas a un mayor riesgo de infección porque su cuello uterino (la abertura del útero) no se ha desarrollado completamente. Debido a que la clamidia puede transmitirse por relaciones sexuales orales o anales, los hombres que tienen relaciones con hombres también están en peligro de contraer la infección clamidial.
En las mujeres, la bacteria infecta inicialmente el cuello uterino y la uretra (el canal urinario). Algunos síntomas que podrían presentar son flujo vaginal anormal o una sensación de ardor al orinar. Algunas mujeres siguen sin tener signos ni síntomas cuando la infección se propaga del cuello uterino a las trompas de Falopio (los tubos que conducen los óvulos desde los ovarios hasta el útero) causando daño permanente; otras presentan dolor de vientre, lumbago, náusea, fiebre, dolor durante el coito o sangrado entre los períodos menstruales. La infección clamidial del cuello uterino puede propagarse al recto. Además puede causar infertilidad y embarazo ectópico (embarazo implantado fuera del útero) que es potencialmente mortal. Las mujeres infectadas con clamidia tienen hasta cinco veces más probabilidades de infectarse con el VIH, si están expuestas al virus. También se vuelven a infectar frecuentemente si sus parejas sexuales no reciben tratamiento.
Los hombres que tienen signos o síntomas podrían presentar secreción del pene o sensación de ardor al orinar, también se puede acompañar de una sensación de ardor y picazón alrededor de la abertura del pene. El dolor y la inflamación de los testículos es poco frecuente.
Los hombres o mujeres que reciben penetración anal pueden contraer la infección clamidial en el recto, que puede causar dolor rectal, secreciones o sangrado. También puede hallarse en la garganta de las mujeres y hombres que han tenido relaciones sexuales orales con una pareja infectada, o puede ser transmitida de una madre infectada a su hijo durante el parto vaginal.
Si la clamidia no es tratada, la infección puede avanzar y causar graves problemas reproductivos y de salud, teniendo consecuencias a corto y largo plazo. Al igual que la enfermedad, el daño que causa la clamidia es a menudo 'silencioso'.
Para ayudar a prevenir las graves consecuencias de la clamidia, se recomienda que las mujeres sexualmente activas de 25 años de edad o menos, se realicen una prueba de detección al menos una vez al año. También se recomienda que las mujeres de mayor edad que están expuestas al riesgo de contraerla (por ejemplo, si tienen una nueva pareja sexual o múltiples parejas sexuales) se realicen una prueba de detección anual. Todas las mujeres embarazadas deben hacerse una prueba de detección sin excepción alguna.
Las complicaciones entre los hombres son poco comunes. En ocasiones, la infección se propaga al epidídimo (el tubo que conduce el esperma desde los testículos) y causa dolor, fiebre y, rara vez, esterilidad.
Hay cierta evidencia de que en las mujeres embarazadas, las infecciones clamidiales que no reciben tratamiento pueden propiciar partos prematuros. Los bebés que nacen de mujeres infectadas pueden contraer infecciones clamidiales en los ojos y en el tracto respiratorio. La clamidia es una de las causas principales de aparición temprana de neumonía y conjuntivitis (ojo rosado) entre los recién nacidos.
Todas las parejas sexuales deben ser evaluadas, hacerse las pruebas y recibir tratamiento. Las personas que tienen clamidia deben abstenerse de tener relaciones sexuales hasta que ellas y sus parejas sexuales hayan terminado el tratamiento, de lo contrario podrían volverse a infectar. Las mujeres cuyas parejas sexuales no han recibido el tratamiento adecuado sufren un alto riesgo de volverse a infectar. Tener infecciones múltiples aumenta el riesgo de que la mujer tenga graves complicaciones en su salud reproductiva, entre ellas la infertilidad. Las mujeres, especialmente las adolescentes, deben considerar hacerse de nuevo la prueba tres o cuatro meses después del tratamiento. Esto es de especial importancia cuando la mujer no sabe si su pareja sexual ha recibido tratamiento.
La manera más segura de evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual es tener una relación duradera mutuamente monógama, con una pareja a quien se le han hecho las pruebas y se sabe que no está infectada.
Todo síntoma genital como por ejemplo, secreción o ardor al orinar, una úlcera poco usual o una irritación, debe ser razón para dejar de tener relaciones sexuales y consultar a su médico de inmediato. Si la persona ha sido tratada contra la clamidia (o contra otra enfermedad de transmisión sexual), debe informar de esto a todas sus parejas sexuales recientes para que éstas consulten y reciban tratamiento. Esto reduce el riesgo de que las parejas sexuales presenten complicaciones graves por la tricomoniasis, y reduce el riesgo de reinfección en las personas con clamidia. La persona y todas sus parejas sexuales deben evitar tener relaciones sexuales hasta que hayan terminado su tratamiento contra indicado.
Mantenerse informado y hablar abiertamente con su pareja es su responsabilidad.
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Diversión o adicción
Hace algunas décadas la mujer mexicana no tenía expectativas de realizar actividades fuera de la casa, a menos que fueran actividades sociales que se percibían como extensión de las familiares como cumpleaños, bodas, bautizos o ceremonias luctuosas.
Todas ellas vinculadas a un "deber ser" dentro de las obligaciones y el buen ver de la familia. Soñar con otro tipo de eventos estaba fuera de las expectativas e ilusiones femeninas, y a veces sólo se planteaban como fantasías secretas, jamás se comentaban porque era algo fuera del alcance permitido para cualquier mujer.
Afortunadamente las épocas cambian, y ahora todo se presenta totalmente diferente con un sinfín de opciones y actividades que hace algunos años parecerían impensables para cualquier mujer.
En la última década, nuestra ciudad se ha visto transformada por cambios realmente espectaculares con la incursión de las mujeres al mundo del entretenimiento y diversión. Eventos y reuniones como la salida a merendar cada semana, ir al cine y los tradicionales festejos que se organizan por cumpleaños, despedidas, bienvenidas y cumpleaños, hacen que las mujeres salgan casi diariamente de sus hogares después de haber cumplido con una serie de obligaciones en el rol de amas de casa, que les permite descansar, convivir e interactuar con amigas.
Lo que antes era mal visto o quizá considerado un tabú, ahora es aceptado e incluso defendido por las propias mujeres, como si un niño peleara por su hora de recreo.
Lo que sí es aún diferente y cuestionado, es la participación de las amas de casa en los entretenimientos de las famosas loterías y juegos de azar que han proliferado en nuestra ciudad quedando al acceso de todas sin importar la edad. Esto llama más la atención cuando vemos que existe una gran variedad de localidades en cada municipio haciendo de estos lugares un espacio de diversión y esparcimiento. Lo que empezó como una diversión poco a poco se está convirtiendo en un problema por la falta de autocontrol que las personas poseen a la hora de empezar la diversión. Vemos mujeres que pierden el control y el límite de tiempo sin poder decir: "Basta, esta es la hora de irme".
Invierten más horas de lo esperado o del dinero programado y generan la preocupación de su pareja y sus familiares, quienes se ven afectados por las peleas que esto desencadena o por la falta de dinero que muchas veces está destinado para gastos y necesidades del hogar.
¿ES GRAVE?
Observar en la prensa los comentarios acerca del juego lo hace parecer sólo escandaloso y muchas veces morboso, pero yendo a la realidad, nos encontramos que cada vez más personas están sufriendo esta enfermedad como una adicción de la cual no se pueden desprender fácilmente. Estamos enfrentando un gran problema cuando vemos que muchas mujeres o sus familiares recurren a pedir ayuda en forma desesperada a los profesionales y amigos porque ven cómo se puede destruir su hogar, porque lo que parecía algo divertido se ha convertido en una conducta obsesiva compulsiva que es difícil detener sólo con fuerza de voluntad.
Hablar de adicciones es un tema fuerte, pero la adicción es una enfermedad igual que cualquier otra al alcohol, al trabajo, a comer, a las drogas, a comprar.
Lo importante es saber: ¿Para qué sirve una adicción y qué es lo que oculta?
Principalmente, el repetir una conducta en forma obsesiva compulsiva, le permite esconder o no enfrentar sentimientos dolorosos que resultan invisibles para los demás, pero no para el que los experimenta realizando alguna acción, como evadirlos o posponerlos. Esto agrava el problema al crear la fantasía de que el problema no existe.
Para una persona que cede ante una adicción, hay tres pensamientos recurrentes: no estoy bien tal como estoy, y hay un vacío en mí que necesita ser llenado; hay algo o alguien externo a mí mismo que llenará ese vacío; mi felicidad depende de encontrar esa sustancia, posesión o persona.
Minimizar o devaluar este problema desencadenará muchos otros. Se debe tomar conciencia si el juego se está convirtiendo en un problema o no. La persona que experimenta la adicción, debe detectar si sus síntomas corresponden a una adicción. Nadie puede decirle a un adulto si está sufriendo una adicción, pero cada persona es capaz de reconocer cuando algo en su vida se ha salido de su control volviéndose destructivo. Si usted se encuentra en esta situación, llegó el momento que reflexione, lo reconozca y pida ayuda profesional.
Señales de alerta
Una persona puede tener problemas con el juego si:
• Si busca entretenimiento, es su primera y única opción.
• Pospone tareas importantes de realizar por el juego.
• Niega cuando pierde la noción del tiempo en el juego.
• Gasta más de lo que es apropiado para su presupuesto jugando.
• Descuida las personas más importantes de su vida o de su familia por jugar.
• Se ha metido en problemas o miente para escapar al juego.
• Este artículo la hace sentir incómoda.
• Espera con ansiedad la próxima vez que volverá a jugar.
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El Don del Perdón
Las personas cuando se sienten lastimadas, tienden a dar por terminados los acontecimientos pasados diciendo: "Yo, él, ellos o ellas hicieron todo lo que pudieron", pero esto no equivale a perdonar. Esta afirmación excluye la posibilidad de sanar, es algo así como aplicar un torniquete por encima de una profunda herida. Dejar el torniquete más allá de un determinado periodo de tiempo provoca gangrena por falta de circulación. El hecho de reprimir la cólera y el dolor no sirve de nada.
Si el instinto de una persona ha resultado herido, está se enfrenta con retos relacionados con la cólera. En primer lugar, suele tener dificultades para reconocer la intrusión, tarda en percatarse de las violaciones territoriales y no percibe su propia cólera hasta que le cae encima. Esto puede hacer que se experimente una reacción retardada varias semanas, meses, o incluso años después al darse cuenta de lo que hubieran tenido o podido hacer.
El instinto herido puede sanar practicando la imposición de unos sólidos límites, y practicando el ofrecimiento de firmes y generosas respuestas que no cedan a la tentación de la debilidad.
Insistir en hablar de un trauma y hacerlo con gran intensidad a lo largo de un determinado periodo de tiempo es muy importante para la curación, pero al final todas las heridas se tienen que suturar y se debe dejar que se convierta en tejido cicatrizado.
Las cuatro fases del perdón
1. Apartarse. Para poder empezar a perdonar es bueno apartarse durante algún tiempo, es decir, dejar de pensar en aquellas personas o acontecimientos que causan ira o dolor.
Eso no significa dejar algo por hacer, sino más bien tomarse unas vacaciones. Esto evita el agotamiento y permite que nos fortalezcamos de otra manera, disfrutando así de otras felicidades en nuestra vida. Nos prepara para la renuncia al cobro de la deuda que más tarde acompañará al perdón. Se trata de dejar la situación, el recuerdo y el asunto tantas veces como sea necesario. No es pasar algo por alto, sino adquirir agilidad y fortaleza para poder distanciarnos del asunto. Apartarse quiere decir ponerse de nuevo a escribir, aprender algo nuevo, amar algo que nos fortalezca y distanciarnos del asunto durante algún tiempo. Las lesiones del pasado acosarán mucho menos a una persona si ésta le asegura a la psique herida que ahora le aplicará bálsamos suavizantes, y más adelante abordará toda la cuestión de la causa de aquellas lesiones.
2. Tolerar. La segunda fase es la tolerancia, entendida en el sentido de abstenerse de castigar; de no pensar, ni hacer ni poco ni mucho. Resulta extremadamente útil practicar esta clase de refrenamiento, pues con ello se condensa la cuestión en un lugar determinado, de esta manera la persona puede concentrarse en el momento en que empezará a pasar a la siguiente fase. Eso no significa contemplar la situación con una cierta benevolencia y ver cuál es el resultado. Tolerar quiere decir tener paciencia, soportar y canalizar la emoción. Todas estas actitudes son unas poderosas medicinas.
Practícalas todo lo que puedas, pues se trata de una experiencia purificadora. No es preciso que las hagas todas al mismo tiempo; puedes elegir una de ellas; por ejemplo, la paciencia y practicarla. Puedes abstenerte de hacer comentarios y críticas de carácter punitivo, de comportarte con hostilidad o resentimiento. El hecho de abstenerse de aplicar castigos innecesarios fortalece la integridad de la acción y del alma. Tolerar equivale a practicar la generosidad, permitiendo que la gran naturaleza compasiva participe en cuestiones que previamente han provocado emociones que van desde una leve irritación a la cólera.
3. Olvidar. Significa arrancar de la memoria, negarse a pensar; en otras palabras, soltar, aflojar la presa sobre todo de la memoria. Olvidar no significa comportarse como si el cerebro hubiera muerto. El olvido consciente equivale a soltar el acontecimiento, no insistir en que éste se mantenga en primer plano sino dejar más bien que abandone el escenario y se retire a un segundo plano.
Practicamos el olvido conscientemente negándonos a evocar las cuestiones molestas, negándonos a recordar. El olvido es un esfuerzo activo, no pasivo. Significa entretenerse con ciertas cuestiones y no darles vueltas, no irritarse con pensamientos, imágenes o emociones repetitivas. El olvido consciente significa abandonar deliberadamente las obsesiones, distanciarnos voluntariamente y perder de vista el objeto de nuestro enojo, no mirar hacia atrás y vivir en un nuevo paisaje, crear una nueva vida y unas nuevas experiencias en las que pensar, en lugar de seguir pensando en las antiguas. Esta clase de olvido no borra el recuerdo, pero entierra las emociones que lo rodean.
4. Perdonar. Hay muchos medios y maneras de perdonar una ofensa a una persona, una comunidad o una nación. Conviene recordar que el perdón "definitivo" no es una rendición, es una decisión consciente de dejar de guardar rencor, lo cual significa perdonar una deuda y abandonar la determinación de tomar represalias. Tú eres quien tiene que decidir cuándo perdonar y qué ritual se deberá utilizar para celebrar el acontecimiento, tú decides qué deuda no se tiene que seguir pagando. Algunas personas optan por conceder un perdón total, eximiendo al ofensor de la obligación de una indemnización ahora o más adelante, otras optan por interrumpir el proceso, desistir de cobrar la deuda en su totalidad y decidir que lo hecho hecho está, y lo que se ha pagado hasta ahora es suficiente. Otra forma de perdón consiste en exonerar a una persona sin que ésta haya cumplido ningún tipo de indemnización emocional o de otra clase. Para algunos, la conclusión del perdón significa mirar al otro con indulgencia, que es lo más fácil cuando se trata de ofensas relativamente leves. Una de las más profundas formas de perdón consiste en ofrecer de manera que sea una compasiva ayuda al que nos ha ofendido, lo cual no significa introducir la cabeza en el cesto de la serpiente, sino responder desde una actitud de clemencia, seguridad y buena disposición. El perdón es la culminación de todo lo precedente, toda la tolerancia y todo el olvido. No significa abandonar la propia protección sino la frialdad. Una forma muy profunda de perdón consiste en no excluir al otro, en dejar de mantener distancias, ignorar o comportarse con frialdad o mantener actitudes falsas o condescendientes. Para la psique del alma es mejor limitar el tiempo y las respuestas mordaces a las personas cuyo trato nos resulta difícil que comportarnos como maniquíes insensibles.
El perdón es un acto de creación que se puede otorgar de muy variadas maneras:
• Se puede perdonar de momento, perdonar hasta entonces, perdonar hasta la próxima vez, perdonar pero no dar más oportunidades.
• Se puede dar una, varias o muchas oportunidades, o dar una oportunidad en determinadas condiciones. Se puede perdonar en parte, en su totalidad o la mitad de una ofensa. Se puede otorgar un perdón general. Tú eres el que decide.
¿Cómo saber si se ha perdonado o no? En caso afirmativo, tiende a compadecerse de la circunstancia en lugar de sentir cólera, tiende a compadecerse de la persona en lugar de estar enojada con ella. Tiende a olvidar lo que tenía que decir al respecto, comprende el sufrimiento que dio lugar a la ofensa. Prefiere permanecer al margen. No espera nada. No quiere nada. Puede que no termine con un "vivieron felices", pero a partir de ahora estará esperando un "había una vez".
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Evitando enfrentar el vacío
Nuestras madres en su juventud no se podían reunir fuera de casa para ir a los restaurantes, para desayunar y charlar con amigas, asistir a un evento social o simplemente a merendar. Ahora las mujeres tenemos tantísimas excusas: el cumpleaños de la mejor amiga, baby showers, juevecitos o la reunión obligada de las mamás del colegio.
En la época de nuestras madres esto era impensable, salir a merendar era algo tan esporádico y casi siempre tenía que ver con una reunión familiar. Pero afortunadamente Monterrey se empezó a llenar de lugares muy atractivos para este tipo de reuniones, y las mujeres empezamos a experimentar un nuevo tipo de libertad. Ahora, se ve llegar a diferentes lugares a gran cantidad de mujeres bien arregladas, sonrientes, felices de reencontrarse cada cierto tiempo y reunirse con sus amigas o compañeras de alguna actividad o trabajo, y es ahí donde se inicia la interacción entre cada una.
Muchas veces se empieza desde los temas más superficiales como la moda, el peso, la o el mejor estilista de Monterrey, dónde conseguir las uñas o el delineado perfecto, hasta llegar a la queja más común donde todas logran ponerse de acuerdo: lo difícil que es conseguir buena ayuda doméstica.
Después de algunos momentos empieza la transformación de sus caras, empiezan a demostrar algún rasgo de tristeza o lo que es más imperceptible, que están ahí, pero muy distantes. Las más atrevidas buscan hacer contacto visual con alguna amiga sin encontrarlo y mucho menos hablarlo, al sentir diferentes emociones algunas eligen seguir comiendo o fumando, otras acaparando la plática volviéndose las más parlanchinas, las demás continúan con las quejas innumerables de los problemas cotidianos como las escuelas, las compras, el dinero que no alcanza para nada, los hijos y hasta el propio marido.
Lo que sí es una realidad es que están devorando el tiempo para no enfrentar lo que sienten o lo que les espera afuera, tal vez un subempleo, un problema con su pareja, una crisis con los hijos, la decisión de tener que trabajar y no poderlo enfrentarlo o la de tener un trabajo insatisfactorio. Esto se refleja por igual en mujeres que tienen todos los problemas económicos resueltos, hasta las que hacen un gran esfuerzo monetario por no dejar de asistir a sus reuniones programadas.
¿Podrán acaso enfrentar la vida como realmente la sienten? ¿Sabrán que pasa el tiempo y aún quedan sueños sin realizar? ¿Qué les gustaría comenzar? Quisieran tener el valor de tomar ciertas decisiones, o lo que es más doloroso, les gustará poder hablar de la tristeza y soledad que sienten dentro de sí mismas y no se atreven a compartirlo con "Las amigas" por miedo a ser juzgadas o rechazadas. Se tratan de convencer que sólo necesitan esperar un poco de tiempo, que "Así las cosas cambiarán", el eterno diálogo interno que las logra tranquilizar y las ayuda a seguir fingiendo que no pasa nada.
Las que intentan abrirse un poco y plantear algún tema serio generalmente se sienten incomprendidas e inmediatamente reciben respuestas de consuelo, de que podrían ser peor las cosas y que lo mejor es tranquilizarse. ¿Por qué? Porque al hablar de las inquietudes y problemas serios obligadamente, les mueve sus propias dudas y cuestionamientos interiores, sus angustias, y sobre todo sus miedos a compartir y buscar solución a sus problemas tan celosamente guardados. Aquí empiezan las excusas así como las soluciones: primero que el Gobierno arregle nuestro país, que se aguante un poco más y todo cambiará, que a la otra amiga le fue peor, que la crisis de los maridos pasará y lo mejor, que las propias hijas encontrarán (mágicamente) lo que a ellas se les perdió o les debe la vida. Pasan dos o tres horas, hablan y hablan sin llegar a ningún lado, hasta que llega la hora del adiós, besos, fotos, abrazos, intercambio de regalitos y una promesa fiel de volverse a ver. Y de nuevo a enfrentar la soledad y el vacío en el que se encuentran solas y acompañadas, rodeadas de la familia que no las conoce, perdidas en un hogar sin rumbo o mejor dicho, sin el rumbo que ellas quisieran porque aún no encuentran la dirección de sus propias vidas, seguir haciendo todos los "No sé qué para no sé quién", porque así debe ser, peleando sin encontrar solución.
Muchas mujeres buscan cualquier cosa que llene el tiempo, que evite el enfrentar el miedo, que las distraiga, aunque sea por momentos para no enfrentar el verdadero problema.
• ¿Por qué no se nos enseñó a enfrentar la soledad?
• ¿Por qué no podemos platicar sobre nuestras angustias, miedos e inseguridades?
• ¿Por qué no nos atrevemos a buscar la realidad del problema?
• ¿Realmente servirá de algo seguir fingiendo que la vida es perfecta?
• ¿Compartirán las demás mujeres nuestros propios problemas, angustia y miedos?
• ¿Serán capaces de acompañarnos en nuestros más profundos anhelos?
• ¿Se sentirán solas, frustradas o desesperadas?
La solución sería aprender a correr el riesgo, buscar apoyo en alguna persona con la que una misma se sienta segura, salir del aislamiento y hablar, pero sobre todo, sentirnos acompañadas a la hora de enfrentar el dolor y la angustia.
Ser mujer no es un problema, vivirlo en soledad sí.
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La infidelidad
Una traición devastadora de la cual es difícil reponerse.
Cuando se inicia una relación de pareja se encuentra llena de amor, difícilmente se contempla que se puede presentar una infidelidad por alguno de los dos integrantes.
Se inicia la relación como una luna de miel, esperándose que se prolongue por tiempo indefinido, pero muchas veces la pareja se olvida de hablar sobre los valores y creencias que se tienen, y de observar si los dos están de acuerdo y se comparten los mismos.
Es común que la infidelidad se asuma como una catástrofe, ya que son muchos los hogares arruinados por su causa. En un caso extremo se llegan a cometer y sufrir homicidios, suicidios, estados de ansiedad y depresión.
Ahora, la infidelidad se está presentando casi por igual entre hombres y mujeres, cuando antes sólo era un desliz exclusivo de los hombres, y pocas mujeres se animaban a arriesgar su relación de pareja.
Si un hombre le dice honestamente a una mujer que no es su pareja lo que realmente quiere, que la desea y que su único interés es tener una noche de placer, lo peor que conseguiría será una buena bofetada, un insulto o un desaire, pero si enmascara su verdadero deseo y para lograr su objetivo utiliza argucias como decir que ama y hace promesas de amor eterno, entonces va a lograr eso y mucho más. Si un hombre casado le dice a su amante que adora a su esposa, que jamás la dejará y que su hogar esta por encima de todo, lo más probable es que la mujer no esté dispuesta a perder los mejores años de su vida esperando a que el otro se separe de la supuesta bruja, mala, malvada, perversa, indiferente y cruel como es la forma en que muchos hombres casados presentan a sus esposas.
Hemos impuesto la deshonestidad como un valor superior. La infidelidad es un producto de la falta de honestidad. Nos da miedo enfrentarnos a nuestra verdadera esencia y ser congruentes con lo que somos, sentimos y pensamos.
¿Hasta cuándo seguiremos actuando como niños escondiéndonos del otro? ¿Cuándo haremos valido nuestro deseo y lo pondremos sobre la mesa para que el otro tenga la opción de decidir? ¿No seguiría siendo mucho mejor decir abiertamente “He perdido el deseo, no quiero, no puedo”, que cubrir con el manto de la infidelidad una y otra vez las relaciones?
Teniendo en cuenta la diferencia hombre - mujer, ha sido más aceptada la infidelidad masculina mientras la femenina es condenada; el hombre la vive con satisfacción, mientras que la mujer la vive con culpa. Si se trata de una infidelidad masculina, las dos mujeres implicadas se odian mutuamente y creen cada una a su vez que la otra es la mala. Cuando es una infidelidad femenina, los dos hombres perciben como mala a la mujer.
Quien ha vivido la infidelidad manifiesta como algo muy doloroso haber sido traicionado. La infidelidad es percibida como maldad, algo bajo que busca dañar, destruir, de cuyos efectos devastadores es difícil reponerse. Los estragos que produce en la confianza, la persona no vuelve a creer en nadie, congela su corazón y se cierra la posibilidad de sentir amor. La realidad es que si una persona engaña a otra, las dos salen perdiendo, lo que en un momento era un acuerdo lleno de confianza y honestidad se vuelve una relación hostil, llena de dolor y sufrimiento, buscando algunas veces vengarse de la persona que un día se amó y se deseó jamás separarse.
Si supiera que está a punto de perder todo en su relación de pareja, ¿Qué estaría dispuesto a hacer?
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Los propósitos para el 2008
Después de ir retomando poco a poco la rutina que por unos días se alteró con el acelere, presión y estrés de Navidad y Año Nuevo, necesitamos re-plantearnos cuáles fueron nuestros mejores propósitos para este AÑO 2008, y ver si no nos encontramos perdidos, o sólo los dejamos en buenos intentos de iniciar nuevas formas de actuar y de vivir. Me refiero a las promesas como:
• Ahora sí, me pongo a dieta e inicio mi rutina en el gimnasio.
• Voy a dejar de fumar.
• No seguiré posponiendo mi proyecto de…
• Voy a hacer, cambiar, reparar, empezar…
Estos y muchos propósitos más son los que acostumbramos a escuchar por parte de las personas que nos rodean, así como de nosotros mismos. Muchas veces los repetimos año con año, logrando sólo sentir frustración y desengaño personal al no ser persistentes por más de unos cuantos meses, o quizá sólo por unos días.
Dentro de los propósitos y cambios importantes que le pueden dar calidad a nuestra vida podrían ser si realmente nos cuestionamos:
¿Quién soy?
¿Qué quiero para mi vida?
¿Qué quiero para mi vida hoy?
¿Estoy siendo fiel a mí mismo?
¿Estoy actuando de manera coherente conmigo mismo?
Si llegamos a cuestionarnos y contestar dichas preguntas, nuestra vida se verá enriquecida, nuestra autoestima fortalecida y tendremos la suficiente entereza y fortaleza para hacer los cambios que realmente sean importantes en nuestras vidas.
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'Mis padres quieren que me case'
Muchos jóvenes que ya se convirtieron en adultos están incómodos y molestos por la presión de sus propios padres de que se casen, o como dicen ellos “Que de perdido consigan novio(a)”. Para algunos, esto además de ser una presión se vuelve una incomprensión, ya que si están viviendo una vida plena a nivel profesional, laboral y social no logran entender la rigidez de sus padres de que formen una familia cuando ellos se sienten totalmente realizados con la forma de vida que llevan. Los adultos de hoy tienen un nuevo modelo a seguir, y se preocupan por lograr sus metas y objetivos y no tienen como prioridad el formalizar la relación de pareja (si es que la tienen) o tener novio(a).
La formación y el desarrollo que ahora se tiene, permite vivir más desahogadamente la presión de formar una familia, ya que el abanico de posibilidades se ha abierto y permite poner como prioridad muchas otras cosas atractivas como son los viajes y desarrollo tanto profesional como laboral, pero sobre todo, valorar su independencia y sentirse dueños de sus propias decisiones.
La época actual favorece a los adultos a tener mejores y nuevas experiencias y vivir plenamente sin una pareja. Los padres necesitan tranquilizarse y sobre todo, modernizarse aceptando que cuando un hijo es adulto puede elegir su propia vida.
Si los padres respetan, aceptan y no critican los propios procesos y decisiones de sus hijos adultos, tendrán hijos más amorosos y cercanos emocionalmente a ellos.
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Pleitos Familiares post-navideños
La mayoría de las personas tuvimos altas expectativas de las festividades que acaban de pasar como Navidad del 2007 y Año Nuevo. Pero con lo que muy pocos contábamos, esperábamos o estábamos preparados a enfrentar, era con que la famosa frase “NOCHE DE PAZ, NOCHE DE AMOR” que se convertiría en días de discusión, pleitos, estrés y depresión, es decir “NOCHE DE ESTRÉS Y DE DISCUSIÓN”
Parecería que sólo los niños esperaban con ansiedad estos días, debido a la expectación de si realmente “Santa Claus” les regalaría los esperados juguetes.
¿Qué es lo que pasa en los adultos en estas fechas?
¿Por qué se repite año con año la misma crisis familiar?
A nivel consciente, todo el mundo se propone pasar unos excelentes días de vacaciones y felices festividades en compañía de su familia, pero lo que realmente pasa es que a nivel inconsciente se mueven muchos recuerdos y heridas sin sanar del pasado, y casi siempre tienen que ver con la niñez de cada adulto. Es aquí donde las crisis y pleitos no tienen explicación, sorprendiendo a los adultos que por más gastos y buenas intenciones que tengan, se ganchan o promueven las crisis y pleitos, logrando observar y/o vivir más conflictos que alegría Navideña.
Si tan sólo supiéramos que lo que se remueve en estos días son las fechas que vivimos en el pasado, donde por alguna razón u otra muchas veces hubo pérdidas (ya sean físicas o emocionales) y desengaños y se aprendió a observar que por más que se invirtiera en dichos festejos los adultos se encontraban enojados o estresados.
Saber que estas fechas nos traerán problemas que ni siquiera sabemos de dónde vienen, nos ayudará a aligerar el coraje y resentimiento que se experimentando en este mes de enero y sobre todo, a reflexionar si vale la pena continuar enganchados con dichos sentimientos negativos, o podemos asimilar y dejar pasar lo que realmente creemos que nos los provocó (aunque realmente fueran otras causas).
Si recibimos o no lo que esperábamos ¿Qué?
Si nos valoraron o no el esfuerzo que hicimos en estas fechas ¿Qué?
Si alguien habló mal de nosotros o nos sentimos juzgados o criticados ¿Qué?
Aquí lo importante es recordar que como adultos tenemos el poder de elegir cómo nos sentirnos y podemos decidir el tiempo que estaremos disgustados o frustrados por dichos eventos. En el momento que recordemos que dentro de nosotros tenemos “EL PODER” de decidir cómo nos sentimos, qué es más importante, cómo nos queremos seguir sintiendo, probablemente soltemos lo que nos tiene atados a sentimientos negativos y sobre todo, nos permitamos disfrutar lo que realmente estas fechas significaron.
En nuestras manos está el empezar el año 2008 con una actitud positiva, amorosa y generosa para con las personas que realmente amamos.
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Principio del vacío.
Seguramente usted tiene el hábito de juntar objetos inútiles, creyendo que un día (no sabe cuándo) podrá precisar de ellos, así como el hábito de juntar dinero sólo para no gastarlo, pues piensa en el futuro podrá hacer falta; el hábito de guardar ropa, zapatos, muebles, utensilios domésticos y otras cosas del hogar que ya no usa hace bastante tiempo.
... ¿Y en su interior? Usted tiene el hábito de guardar rabias, resentimientos, tristezas, miedos, etc. ¡No haga eso! Es anti-prosperidad. Es preciso crear un espacio, un vacío para que las cosas nuevas lleguen a su vida. Es necesario eliminar lo que es inútil en usted y en su vida para que la prosperidad venga. Es la fuerza de ese vacío que absorberá y atraerá todo lo que usted desea. Mientras usted está material o emocionalmente cargando cosas viejas e inútiles, no habrá espacio abierto para nuevas oportunidades. Los bienes precisan circular. Limpie los cajones, los armarios, el cuarto del fondo, el garaje. Dé lo que usted no usa más.
La actitud de guardar un montón de cosas inútiles, amarra su vida. No son los objetos guardados que la estancan, sino el significado de la actitud de guardar. Cuando se guarda se considera la posibilidad de falta, de carencia; es creer que mañana podrá faltar y usted no tendrá medios de proveer sus necesidades.
Con esa postura, usted está enviando dos mensajes para su cerebro y para su vida:
Primero, usted no confía en el mañana. Segundo, usted cree que lo nuevo y lo mejor NO son para usted, ya que se conforma con guardar cosas viejas e inútiles.
Deshágase de lo que perdió el color y el brillo, deje entrar lo nuevo en su casa y dentro de sí mismo.
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Solteronas del Siglo 21
Existe un nuevo fenómeno que se ha presentado en años recientes y que viven las mujeres mayores de 25 años que aún no se han casado, no tienen novio o ningún prospecto a la vista.
Hace algunas décadas, las únicas expectativas para las mujeres eran que se casaran, tuvieran hijos y un hombre que fuera el sostén económico de la familia. No se permitía cuestionar si era o no correcto, se daba por hecho que así debería ser y nadie podía imaginar ninguna otra opción. Si por alguna razón la mujer no lograba casarse, se le consideraba "solterona" y se le designaba como única alternativa que se hiciera cargo de sus padres y que ayudara a algún integrante de la familia que la necesitara.
En la época de nuestras abuelas, antes y durante los años 1900, se tenía claro y se daba por hecho que la mujer tenía como única función y misión en la vida casarse y tener hijos. Los matrimonios se concretaban entre jovencitas que apenas entraban en la adolescencia, mujeres que tenían entre 14 y 17 años. Era común ver que los matrimonios eran arreglados por los padres, ellos decidían quién era el candidato más conveniente o adecuado para los intereses familiares, o con el cual se tendrían que casar por un compromiso previamente adquirido por el padre. Esto jamás contemplaba la opinión de la mujer. Otra opción era que lo decidiera el novio, quien podía elegir robársela y después formalizar el compromiso.
La mujer que se embarazaba sin casarse no tenía la oportunidad de decidir sobre su vida, sólo tenía dos alternativas: la abandonaban y la dejaban cargando con el estigma de madre soltera, o la obligaban a casarse, a que " El novio le cumpliera a la fuerza", pero siempre la decisión estaba en otras manos, no en las suyas.
Después, poco a poco cambió el estándar esperado para la mujer. Se consideró que una edad mayor para casarse sería más conveniente para ella, esperando que se casara entre los 19 y los 21 años. Esto llegó a provocar ansiedad en los padres de las que esperaban unos años más para contraer matrimonio. Todo seguía dándose bajo la opinión y supervisión de los propios padres, quienes muchas veces estaban de acuerdo o llegaban a aceptar el matrimonio por ser necesario, y no tanto por estar convencidos.
Ahora las mujeres jóvenes han roto con la tradición.
Hoy en día, muchas mujeres esperan hasta terminar sus estudios para casarse, los cuales incluyen a veces hasta alguna maestría, o incluso, algo que resulta escandaloso para sus propias madres: escuchar decir a sus propias hijas que casarse no se encuentra dentro de sus prioridades y que no tienen prisa alguna. Es aquí donde comienza el cuestionamiento, las discusiones y la crisis familiar, en donde la madre se cuestiona ¿Qué fue lo que hice mal? Y la hija se pregunta por qué la madre no la acepta con su propia decisión. La madre llega a intervenir activamente tratando de cambiar la opinión de la hija y promoviendo el matrimonio como la única posibilidad de que ella esté segura y feliz.
¿QUÉ OPINAN LAS MADRES?
El problema radica en que en nuestra cultura siempre se ha promovido como ideal que lo mejor para una mujer es que tenga un hombre a su lado para protegerla y darle la seguridad que ella necesita, se piensa que la mujer sólo se puede realizar a través de ser madre y trascender al procrear hijos. Incluso la mujer casada que no tiene hijos llega a ser considerada como una mujer en desventaja, recibiendo todo tipo de consejos y opiniones para que logre tenerlos, como si no ser madre se considerara una mutilación en la mujer. Existe incluso un tipo de manipulación de las madres cuando afirman: "Que tú tengas hijos es parte de mi tranquilidad, no me gustaría morirme y dejarte sola" o "Sólo quisiera alcanzar a ver a mis nietos antes de morir".
¿Y QUÉ OPINAN LAS HIJAS?
La mayoría de las mujeres se queja de la presión y el hostigamiento que sufren por parte de sus propias madres respondiendo muchas veces con enojo, rechazo, rebeldía o llegando, en casos extremos, a ignorarlas. Todas se quejan de por qué no son respetadas sus decisiones, por qué se les rechaza y se les pone el título de "Solteronas" y lo más grave, se sienten desaprobadas o como causa de vergüenza de sus propias madres. Las hijas argumentan que tienen sus propios sueños y metas a realizar, muchas quieren seguir estudiando, otras desean viajar y las demás se sienten satisfechas con los logros alcanzados en su trabajo o esperan hacer una carrera en ascenso en el área laboral. No aseguran o niegan que no quieren tener pareja o novio, lo que sí tienen claro es que no es su prioridad.
SENTIMIENTOS ENCONTRADOS
Se puede entender el sueño de toda madre como parte de la enseñanza cultural, de ver realizadas sus propias expectativas a través de sus hijas, pero esto no justifica que no madure, cambie y entienda que los hijos crecen y tienen el poder de tomar sus propias decisiones. Lo más importante es que decidan lo que deben hacer con su vida, cometiendo sus propios aciertos y errores, logrando convertirse en personas independientes de los padres, asumiendo sus propias responsabilidades.
La hija puede argumentar sentirse presionada, rechazada y no tomada en cuenta, tal vez se rebele ante el hecho de que su madre no entienda que ya creció, que puede tomar sus propias decisiones y hacerse cargo de su vida. Puede experimentar sentimientos encontrados de amor y rechazo hacia su propia madre, lo que muchas veces se refleja en una personalidad triste o deprimida.
¿Qué hacer con las hijas? Aceptar que ellas crecieron, respetar y aceptar sus decisiones, reconocer sus logros obtenidos, aprender a amarlas como adultas, escucharlas y apoyarlas, pero sobre todo, reconocer que ninguna persona puede hacer que la hija tenga más valor, que ella merece todo el amor de su madre, con o sin pareja.
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Sufres el complejo de Wody Allen
¿En realidad son ellas mamás en desventaja?
Cada vez que pasamos por alguno de los principales cruceros viales de la ciudad, vemos a diferentes vendedores inmigrantes vender infinidad de cosas para poder librar "el día".
Lo que no me deja de admirar son las famosas "Marías", mujeres fortalecidas por la adversidad, guerreras en su función de madres y luchadoras, buscando el mínimo para mantener alimentada a su prole ese día. Son mujeres que vienen de lugares como Oaxaca, San Luis Potosí o Guerrero para vender artesanías, o simplemente para pedir limosna porque nos les queda otra alternativa para subsistir.
Lo impactante de este hecho, es que hemos llegado a tal grado de insensibilidad, que ya las consideramos parte del lugar por el que pasamos, sin pensar que detrás de esa persona hay una vida, con una familia completa, integrada por niños pequeños que están casi siempre con ellas, que a través de la costumbre aprenden a vivir en el camellón sin salirse del estrecho margen que este lugar ofrece.
A ciertas horas podemos observar a las Marías amamantando a su hijo más pequeño que pasa la mayor parte del día en el rebozo colgado de sus espaldas, sentadas en el suelo o en la tierra y supervisando la alimentación de los demás hijos, que casi siempre suele ser algún producto integrado por pan o tortillas y un refresco de botella. El resto de las personas que pasan en sus vehículos, si se llegan a percatar de su existencia, pueden elegir entre dar una limosna o simplemente ignorarlas.
Como mamá, ¿Qué piensas?
La concentración de los automovilistas está dirigida a problemas personales complicados o superficiales y en sus respectivas soluciones, pero ¿En qué piensan las mujeres al pasar por ahí? ¿Se preguntarán qué harían si sus hijos estuvieran en esas condiciones? ¿Se plantearán sus propios conflictos o sus propios logros y privilegios?, O simplemente irán pensando en la larga lista de pendientes que realizar, o si tienen que correr para supervisar la comida.
Las personas más inconscientes lo primero que piensan es que ese tipo de mujeres se debería poner a trabajar como empleada doméstica, pensando que son madres totalmente irresponsables. Otras piensan que los niños deberían estar en una institución que se haga cargo de ellos, y reprueban la escena que ven. Las más compadecidas no dejan de decir "Pobres mujeres, la vida que les tocó llevar". Probablemente, las mujeres más concientizadas se preguntarán si al compararse con estas mujeres, existe una desventaja a nivel emocional con sus propios hijos.
¿Cuál madre está en mayor desventaja?
¿La que tiene que trabajar para lograr obtener entre 30 ó 40 pesos diarios para sostener a su familia, teniendo a sus hijos cerca de ella, sobre su pecho o espalda, haciéndolos sentir que los protege y supervisando a los dos o tres restantes que están jugando junto a ella? ¿O aquellas que están en total protección y resguardo material, en una casa que las protege de las inclemencias de clima y los riesgos de la calle, con una muchacha que los cuida y con un refrigerador lleno de alimentos al acceso de los niños, pero con una madre ausente física o emocionalmente?
Constantemente se habla, lee y se nos instruye acerca de cuáles son los valores más importantes para tener una familia sana y feliz. ¿Estaremos incluyendo valores importantes en la formación de nuestros hijos? ¿Realmente creemos que esas Marías, como las llamamos no inculcan valores importantes a sus hijos? ¿Qué será sentir el pecho de la madre amamantándolo a pesar de estar ella mal nutrida? ¿El contacto físico y emocional con el niño será diferente a las otras mujeres? ¿Trabajar por sacar adelante a sus hijos será apreciado por ellos?
Esta vida está llena de paradojas, uno nunca logra descubrir tan rápido como quisiera la misión y el propósito que venimos a cumplir, y muchas veces llega la hora de la partida sin haberlo logrado.
Ojala que los que tenemos acceso a la educación, medios de comunicación, así como un trabajo fijo o al menos que remunere lo mínimo indispensable para ciertas comodidades materiales, realmente logremos interiorizar y descubrir nuestra razón de ser.
Ser mujer y madre implica una decisión, un compromiso no sólo material sino emocional, un esfuerzo muchas veces hasta el límite de nuestra capacidad y sobre todo, la oportunidad de expresar el amor, protección y compasión por los seres que nosotras mismas hemos decidido tener y conservar a nuestro lado. Ojala que no nos quedemos en desventaja con aquellas personas que sin saberlo, logran día a día ejercer bien su papel a través del esfuerzo, sin cuestionarse el porqué o el cómo ser madres |