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Abuelos consentidores.
Los padres que vivieron en una generación en donde sus padres tenían una disciplina rígida y a veces casi militar, fueron formados bajo normas muy estrictas en cuanto a “El deber ser”. En esa época, sólo se escuchaba la voz del padre como autoridad y si este no estaba en casa, la madre tomaba el poder y las riendas del hogar. Bajo esa disciplina se educaron muchos padres de hoy, que ahora se enfrentan con un cambio radical en la función que se espera de ellos como padres en cuanto a la educación de sus hijos. Esto con trabajo y educación se ha podido sobrellevar por los padres, pero lo que no deja de ser sorprendente ante sus propios ojos, es cómo los que un día fueron rígidos y estrictos, se comportan de una manera totalmente diferente cuando desempeñan la función de abuelos. Si encontrar dicha explicación muchas veces se preguntan: ¿Por qué ahora mi padre juega con mis hijos? ¿Por qué nunca lo hizo de esa forma conmigo? ¿Qué pasa ahora con tanta permisividad y demostraciones afectivas si nunca las tuvo conmigo? Estas y muchas preguntas más sin resolver se plantean los adultos, llegando a sentir en algunos casos rivalidad y competencia con sus propios hijos por las demostraciones afectivas que ellos nunca tuvieron. La explicación ante dicho cambio es que los abuelos al pasar el tiempo, han reflexionado y cambiado su forma de pensar en lo referente a la educación, y muchas veces se niegan a reconocer que su dureza y falta de afectividad con sus hijos no fue lo mejor, adoptando una actitud reparadora través de sus nietos.
Pensar que los Adultos Mayores no cambian es un error; el tiempo, las experiencias vividas, los duelos y pérdidas de seres amados los van templado. Por otro lado, también les han dado lecciones de vida en las que ellos han recapacitado lo que les gustaría haber demostrado o dado a sus propios hijos, y lo hacen ahora con sus nietos.
Si se comprendiera la enseñanza que ellos están dando a sus propios hijos, probablemente se aprendan importantes lecciones de amor.
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"Cuando la decisión está en sus manos"
Desde niños todos acostumbran a ver a sus padres como dioses invencibles, se tiene la fantasía que serán eternos, y sobre todo, que siempre permanecerán jóvenes y sanos.
Así transcurre la vida de todos hasta que llega el momento de convertirse en padres y al mismo tiempo los padres pasan a ser abuelos. Es aquí cuando poco a poco, y con una velocidad imperceptible se inicia el deterioro de los abuelos, llegándose el momento donde los propios hijos inician el cuidado de ellos.
Una de las realidades más devastadoras es cuando se agolpan los años y los abuelos se convierten en ancianos, llegando a depender al cien por ciento de los demás para su supervivencia.
En algunos casos el deterioro es leve y se siguen valiendo por sí mismos, siendo casi imperceptible su envejecimiento, pero en otros la pendiente se acelera y se convierte en una presión y/o preocupación para los propios hijos. Aquí inician los planteamientos en cómo proteger a los padres ancianos que ahora se encuentran en alto riesgo, y lo más difícil de todo, que llegue el momento de recurrir a otras opciones para el cuidado y protección de ellos (internamiento hospitalario, necesidad de una enfermera día y noche y contemplar la opción de una casa de reposo).
Enfrentar estas decisiones puede ser estresante y difícil, generando roces entre los que tendrán que decidir el futuro de sus padres. Todos desearían que existiera una fórmula perfecta para solucionar este problema sin lastimarlos. Desafortunadamente esto no es así, y como están involucrados los sentimientos amorosos no hay forma de que no se lastime a todos los involucrados.
Tener claro que la salud y bienestar emocional está primero, y sobre todo, buscar la seguridad y protección de los ancianos, servirá como un paliativo para elegir la decisión más adecuada.
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Cultura sobre ¿cómo tratar a los ancianos?
La mayoría de las personas deciden ver a los adultos mayores como gente que sólo va perdiendo facultades físicas y que se vuelve una carga. En nuestra cultura no nos enseñan a poner atención a dichas personas, y sobre todo, a respetar sus propias necesidades.
Definitivamente el cuerpo empieza a fallar, la mente a divagar y a generar inconvenientes dentro del ámbito familiar, y se incrementa una serie de enfermedades y deficiencias acumuladas por la edad.
¿Alguna vez ha pensado cuáles son los sentimientos de estas personas? Creo que no nos hemos tomado un poco de tiempo para conocer y entender cuáles son los sentimientos de las personas mayores. Si Hablamos con nuestros padres o abuelos, descubriremos un mundo lleno de experiencias aprendidas a través de los años y de una inmensa sabiduría acumulada.
Generalmente nos podrán enseñar que la mitad de su vida la dedicaron a tratar "De devorarse el mundo", sintiéndose personas jóvenes, invencibles o indestructibles. La segunda mitad "Aprendieron la humildad" y a aceptar que necesitan depender de otros para su sobrevivencia.
La experiencia les enseñó que en la vida lo más importante es lo que se lleva en el interior, no lo que se obtiene con las cosas materiales. Es aquí donde muchos hijos o nietos se niegan a participar con un poco de atención o amor hacia ellos, y son ellos los que más lo necesitan.
Hablar y repetir lo mismo o incluso olvidarse de muchas cosas suele desesperar a los demás, pero... ¿Qué no es lo mismo que hacíamos cuando ellos se encargaban de nosotros cuando éramos bebés? ¿Acaso ellos no nos atendían y repetían lo mismo cientos de veces? ¿Por qué no podremos devolver con el mismo amor lo que ellos ya nos dieron? Y si no fue así, ¿No será tiempo que nosotros aprendamos a hacerlo?
A este mundo sólo venimos a dar y recibir amor. Compartirlo con las personas es lo que puede hacer que nos sintamos llenos de el.
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El adiós
Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera.
Posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por primera vez el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo
Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas.
Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría 'te quiero' y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles 'lo siento', 'perdóname', 'por favor', 'gracias' y todas las palabras de amor que conoces.
Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus amigos y seres queridos cuanto te importan.'
Anónimo
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El reto de ser hijo, padre y abuelo.
En la época actual los adultos entre los 40 y 50 años se encuentran atrapados entre dos generaciones. Por un lado, la mayoría de los padres tienen a sus hijos entre la pre-adolescencia y adolescencia, lo que significa un gran esfuerzo para educar, poner límites y orientar, intentando no perder la cabeza con los hijos que día a día retan por su personalidad rebelde y cambiante propia de esta edad. Aquí se presentan serios problemas de comunicación con los jóvenes que cada día representan un desafío para sus padres, y un total desconcierto para los abuelos.
Aquí también hablaremos de otro desafío igual de importante que hace que los adultos se sientan divididos y confusos sin saber qué hacer o cómo actuar cuando sus propios padres empiezan a envejecer. Este reto es muchas veces como si los adultos tuvieran que ser equilibristas en el manejo de muchas variables al mismo tiempo. Por un lado están las exigencias de la familia, y por otro las de los padres que aunque algunas veces viven fuera de casa en su propio hogar, presentan retos diferentes al vivir el conflicto y choque entre tres generaciones de los hijos, padres y abuelos. Aquí se les presentan las mismas interrogantes:
¿Cómo se hace para tener buena comunicación con los hijos adolescentes?
¿Cómo se hace para poder entender a los propios padres (abuelos)?
¿Cómo se pueden proteger a los hijos de los peligros que enfrentan a esta edad cuando experimentan su libertad fuera de casa?
¿Cómo proteger a los padres de los peligros que enfrentan por su fragilidad dentro y fuera de casa?
Así se puede continuar con una lista de cuidados y precauciones que se deben tener con las dos generaciones que se encuentran en polos opuestos, una por ser muy joven y encontrarse con mucha rebeldía por su inexperiencia, la otra por ser anciana presentando los mismos síntomas de rebeldía al oponerse a seguir instrucciones u órdenes (porque ya tienen suficiente experiencia) y más, cuando gran parte de su vida fueron ellos quienes ordenaban, y ahora empiezan a no hacer caso de cómo cuidarse (pensando que aún son fuertes y sintiéndose jóvenes por dentro), olvidarse o negarse a tomar medicinas, sentir que no necesitan ayuda, negarse a seguir instrucciones adecuadas para su protección y un sin fin de obstáculos que los acerca mucho en su proceder a los adolescentes. Entre este intento de mantener el equilibrio y estar bien con los padres e hijos al mismo tiempo, los adultos viven y enfrentan sus propios conflictos, a veces sin llegar a sentir que quedan bien con ninguno de los protagonistas.
Lo único que se necesita recordar es que si los padres que ahora son abuelos pasaron por las mismas o similares experiencias, esto también será posible de enfrentar y superar.
La decisión de armarse de paciencia y de recordar cómo se sentían cuando eran adolescentes, y por otro lado, cómo les gustaría ser tratados cuando sean ancianos ayudará a tener paciencia, abordar, enfrentar con tranquilidad y cumplir lo mejor posible la función que se vive, sobre todo, recordar que a través de la paciencia y el amor se podrá tener una vida más tranquila sabiendo que se hace lo mejor posible el rol de padre, hijo y en un futuro de abuelo.
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Es difícil decir adiós "el proceso de duelo"
Sólo cuando se es niño se puede pensar que las personas que amamos son eternas, que siempre estarán a nuestro lado y que si mueren de alguna forma mágica regresarán. La ilusión perdura hasta casi la pre-adolescencia, cuando se empieza a asimilar que la "Muerte de un ser querido es real" y qué el que se fue no regresará.
A todos nos gustaría conservar el pensamiento mágico que sólo se experimenta en la niñez, cuando se cree que con sólo pensar o desear algo esto mágicamente se realizará, pero la vida se encarga a veces suave y otras violentamente de enseñarnos cuál es la verdadera realidad.
Cada vez que recurre una persona a mi consultorio con una gran pena porque perdió a un ser querido o porque está a punto de perderlo, puedo sentir su dolor, tener empatía y compartir su tristeza, lo único que no puedo hacer es enseñarles o anticiparles cómo se sentirán ellos cuando enfrenten dicha realidad. Algunas personas me dicen por favor ayúdame, PREPÁRAME PARA LA FUTURA PÉRDIDA DE “X” PERSONA, y enseguida me mencionan el nombre y parentesco del familiar, amigo o conocido que está a punto de partir de sus vidas. Probablemente se sientan desconcertados cuando les explico que nadie puede prepararlos ante dicha pérdida, y que este es un proceso único, personal e individual que cada uno debe enfrentar, que los profesionales de la salud les podemos dar elementos y herramientas para pasar por esa crisis, pero que ni siquiera un mago podría explicarles los sentimientos tan intensos, confusos y algunas veces devastadores que se pueden llegar a experimentar. La respuesta crea confusión, angustia y enojo, pero cuando les aclaro que sólo al vivir dicha experiencia podrán superar la pérdida, comienzan a escuchar atentamente el por qué esta situación se vuelve difícil. Primero les expongo que necesitamos recordar que si la pérdida duele, angustia o estresa es porque tenemos y sentimos intensas emociones, algunas veces contradictorios hacia la persona (estos sentimientos pueden ser positivos o negativos), pero se experimentan con la misma intensidad. Dentro de las recomendaciones que es puedo sugerir es ponerse en paz con la persona que está a punto de partir (si se tiene alguna creencia o fe en particular probablemente en ese momento no esté dando la fortaleza necesaria, pero esto es transitorio y normal), incluso si la pérdida ya se materializó sin importar el tiempo en que se haya pasado, y pueden ser meses o años (les recuerdo que esto no implica que se sientan liberados y en paz con esa persona y menos consigo mismos).
Existe el mito de que al morir una persona inmediatamente debemos perdonarlas y ponernos en paz con ellas, lo que implica un grave conflicto interno porque no nos permite expresar nuestros verdaderos sentimientos (que muchas veces son contradictorios), y tratamos de evadir el proceso real del "DUELO" el cual nos permitirá realmente ponernos en paz, no sólo aparentar que estamos en paz. No existen sentimientos buenos o malos, lo que si es importante es cómo los expresamos y qué hacemos con ellos.
La separación de alguien a quien amamos o incluso a quien odiamos será más fácil si podemos poner en orden nuestro corazón con esa persona, y decirle adiós sin dejar deudas emocionales pendientes.
¿Qué hacer?
1. Primero se necesita aceptar el hecho. Saber que esa persona ya no estará en nuestra vida con enojo, frustración o incluso coraje. Se necesita aceptar que ya partió y no regresará.
2. Empezar a arreglar los asuntos emocionales pendientes:
a) Resentimiento. Escribir o hablar sobre todo lo que sentimos acerca de la persona que partió y quedó en deuda con nosotros porqué no nos dio, dijo tal o cual cosa, nos lastimó o tal vez dejó muchas cosas pendientes entre los dos.
b) Culpa. Expresar libremente cuanto sentimos que pudimos haber dicho o hecho por la persona que se falleció, incluso si lo hicimos y aún así nos sentimos culpables (palabras, hechos, acciones u omisiones).
c) Agradecimiento. Uno de los pasos más difíciles es agradecer a la persona que partió su colaboración o participación en nuestra vida. Muchas veces se piensa que sólo hizo o dijo cosas que dañaron o lastimaron, pero aún en esas circunstancias se debe recordar que se puede aprender a fortalecerse a través del dolor, abandono, maltrato, rechazo o engaño.
3. El adiós. Después de experimentar que no tenemos sentimientos pendientes (y nos hemos tomado todo el tiempo necesario para efectuar los pasos anteriores), tendremos que despedirnos y decir adiós a la persona que ya partió, así como aceptar que no estará con nosotros en este mundo.
4. Duelo. Aquí se inicia realmente la etapa de duelo. Se puede expresar con nostalgia, llanto y dolor, pero la gran diferencia es que se logra experimentar paz interior.
5. ¿Y ahora qué? Aquí se comienzan a planear actividades aceptando el cambio radical donde dicha persona ya no participará en las celebraciones, reuniones, hábitos, costumbres y vacaciones. Y que las convivencias familiares y amistades implicarán un estilo de vida diferente, ni bueno o malo, pero si totalmente diferente.
Sabemos que nada ni nadie puede hacer este trabajo personal por nosotros mismos, también estamos concientes que depende de una decisión propia cómo y cuándo realizarlo, pero una pequeña guía de por donde podríamos empezar ayudará a poner en orden la vida, y si no es posible lograr sentir la felicidad total y absoluta, si brindarnos lo más importante: Paz Interior
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La Decisión de vida
Las personas que se encuentran en la tercera edad o edad de los Adultos Mayores, a veces tienen en sus manos cómo enfrentar y vivir esta parte de su vida. Si la persona se encuentra viviendo con enfermedades y achaques propios de esta edad, tiene claridad mental y es independiente en sus decisiones, puede decidir cómo pasar sus días. En sus manos tiene la oportunidad de elegir que tipo de calidad quiere experimentar, qué va a hacer con todo el tiempo libre que tiene y que tanto añoró cuando era joven. Aquí se decide lo que quiere dejar como lección a los que conviven con ellos y cómo les gustaría que fueran recordados por su familia.
Los años pueden haber fortalecido, templado sus propias emociones y enseñado lo más importante de esta vida, o por el contrario, haberlos amargado y que estén descontentos con lo que han logrado.
Los que por alguna razón ya no tienen libertad de elección, se encuentran enfermos o son totalmente dependientes de alguien, responderán con una actitud positiva o negativa de acuerdo a como hayan pasado los años anteriores, y sobre todo si lograron la realización de todos sus sueños, metas y anhelos.
Lo más importante en esta edad es la actitud con la que se enfrenta cada circunstancia y decisión a tomar. No deja de sorprendernos ver en diferentes actividades y llenos de energía a personas de mas de 75 u 80 años, que aún quieren invertir cada minuto de su vida en algo provechoso, divertido o intelectual. Es ahí cuando nos preguntamos en qué consiste tanta diferencia entre una persona y otra. La diferencia es que los años los han curtido y fortalecido, y pueden mostrar gratitud por cada momento que viven sin desperdiciar el tiempo en sentimientos que los harán pasar malos momentos. Son los sabios que en cada paso nos enseñan que en esa edad se puede decidir ser feliz y agradecidos por la oportunidad de ser los maestros de las personas más jóvenes.
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La etapa invernal
Los ciclos que nos corresponde recorrer en nuestra vida son igual que las estaciones del año.
• La primavera (época de siembra). La juventud se encuentra llena energía y jovialidad, los niños y jóvenes rescatan el dicho de que se encuentran “En la flor de la edad”.
• El verano (época de cosecha). Los jóvenes alcanzan la mayoría de edad e irrumpen en el mundo de los adultos, compiten por lograr tener una carrera y una profesión, contemplando el sueño de tener una pareja y formar una familia.
• El otoño (época de abono). La familia se ha formado y consolidado, se enfrentan responsabilidades laborales y familiares. Se siente la seguridad de los logros obtenidos y las metas alcanzadas.
• El invierno (dejar descansar) o tercera edad. Se disfruta la compañía de los nietos y el descanso del retiro laboral. En esta última etapa no tenemos la suficiente cultura para enfrentar el envejecimiento y pérdida de algunas de las habilidades físicas, motoras e intelectuales.
La decisión de cómo se vive la tercera edad es personal. Se puede comparar como una etapa fría, sombría y sin alicientes, o se puede decidir experimentar la satisfacción de la experiencia acumulada, el placer de compartir con los que se ama, el tiempo y amor sin la presión y el estrés de no tener tiempo para convivir con ellos.
Así como el invierno una vez fue primavera, ahora les toca a todas las demás estaciones acompañar, ser amables, compasivos y amorosos con las personas que se encuentran envejeciendo, ya que sólo hay que recordar que llegó el momento de devolver lo que ellos en algún momento hicieron por los hijos: ayudar a dar los alimentos (algunas veces en la boca) y ayudar a caminar (como ellos enseñaron a sus hijos). Esa y muchas cosas más que se irán presentando dependiendo del deterioro de la salud física.
¿No será que sólo necesitan que se haga lo mismo que ellos hicieron cuando éramos bebés?
¿Será tan difícil devolver el amor qué se nos dieron incondicionalmente?
Comprender los ciclos de la vida, aceptarlos y comprenderlos, ayudará a ser personas más sanas a nivel emocional recordando: “AMOR, CON AMOR SE PAGA”.
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Para entender al abuelo que empieza a chochear
En esta vida generalmente tendemos a buscar información para casi todo: la educación, la salud, los deportes, el trabajo, el matrimonio, pero nunca se nos ocurre informarnos acerca del proceso de envejecimiento, y es por eso que la mayoría de las personas cuando empiezan a envejecer la pasan bastante mal, porque las sorprende una cantidad de cambios físicos, emocionales, culturales y familiares a los que se enfrentan.
Cuando se vive la adolescencia en plena juventud, se empiezan a formar los sueños y se espera que un día se realicen; la carrera profesional, el noviazgo y los viajes ocupan la prioridad a esta edad. Después de que muchos de estos sueños se realizan, se empieza a formalizar la relación de pareja pensando en construir una familia, dejando la casa de los padres y soñando con adquirir la propia para formar un hogar. Así pasan muchos años desde el momento en que nacen los hijos hasta que van madurando, todo esto conlleva una serie de metas a corto y largo plazo, haciendo que el ciclo que los padres vivieron con sus propios altibajos se vuelva a repetir. En ese momento, la pareja madura de entre 40 y 60 años (con hijos adolescentes o recién casados y con padres envejeciendo) se sorprende ante una realidad que no tenía contemplada por estar absorta en sus propios problemas, es el hecho de que sus propios padres han envejecido y no se tiene la menor preparación para enfrentar dicha situación.
Los nietos empiezan a rechazar a los abuelos o a no tomarlos en cuenta, diciendo despectivamente que sus "abues" están chocheando. Los hijos, con la presión de enfrentar la responsabilidad de sus propios hijos, entran en conflicto sin entender o aceptar que sus propios padres han entrado en una nueva etapa, y que las necesidades de ellos han cambiado. Aceptar que están envejeciendo, que van perdiendo las facultades físicas y mentales, que necesitan cuidados diferentes y especiales se vuelve muy doloroso y algo que lo hace más difícil es el desconocimiento de qué es los que les pasa a esos abuelos y por qué ya no son los mismos.
¿QUÉ PODEMOS HACER?
Pedir asesoría médica. Acudir con un geriatra es una de las prioridades para entender la calidad de salud de la persona mayor.
No hay que subestimarlos, ellos saben que ya no son los mismos y sufren no solamente las consecuencias del deterioro físico y mental, sino también experimentan sufrimiento emocional, ya que sus sentimientos son dañados al sentirse solos, abandonados (muchos de ellos ya han vivido varias pérdidas en sus vidas) y se sienten relegados por su propia familia.
Todos deberíamos participar activamente en la vida de ellos, ya que es cuando realmente nos necesitan. Mostrar respeto, compasión y amor ante ellos es uno de los primeros pasos a seguir para atenuar su difícil situación. Debemos integrarlos en actividades dentro del hogar y esto ayudará a que su memoria continúe activa, pero si esto no es posible, se les puede proporcionar el ambiente y compañía necesaria para su cuidado. Es deseable también incorporarlos en alguna actividad (terapia ocupacional). Existen centros donde la persona asiste sólo por algunas horas y se siente acompañada por sus iguales realizando trabajos manuales, escuchando música de su tiempo o escuchando conferencias de su interés.
Invitarlos a participar con los integrantes de la familia a lugares como el súper, algún café y platicar de sus recuerdos, así como a las piñatas de los pequeños, los hará sentir que son importantes y tomados en cuenta.
Devolver lo que un día ellos hicieron por nosotros es lo más amoroso que podemos hacer por ellos.
Los signos de la vejez.
Lo primero que se debe obtener es información acerca de lo que suele suceder en la vejez, como:
• Pérdida de la memoria inmediata: Suele ocurrir que las personas mayores van perdiendo la memoria en eventos o situaciones recientes, pero recuerdan hasta los mínimos detalles del pasado. Esto genera angustia, miedo y desesperación porque ellos no entienden qué es lo que sucede y sus familiares suelen alarmarse o enojarse.
• Enfermedad de Parkinson: Es una enfermedad 10 veces más recurrente que la demencia. Se presenta cuando las células del cerebro que producen un químico llamado dopamina no funcionan bien y mueren. La demencia de esta enfermedad se asemeja al Alzheimer y a la depresión mayor. Se caracteriza por temblor corporal e incapacidad para iniciar movimientos.
• Alzheimer: Esta enfermedad generalmente ocurre después de los 60 años, aunque en ocasiones se presenta antes con una duración variable de 8 a 10 años. Tiene tres fases:
Etapa inicial. El juicio está típicamente intacto.
Etapa moderada. El juicio tiene alteraciones graves y las personas requieren ayuda en sus actividades cotidianas.
Etapa severa. El juicio está perdido y las personas dependen de otros para sus actividades normales y su cuidado personal.
• Problemas de motricidad: Se debe a diferentes padecimientos como artritis, osteoporosis, alta presión, infartos y diabetes, entre otros.
• Deterioro de su salud en general: Se presentan condiciones como pérdida de la vista, el oído, coordinación y se es vulnerable a las enfermedades en general.
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Valorar la experiencia acumulada
Ayer arrancó el mes que México dedica a los adultos mayores, una población que cada día crece y que es urgente que todos valoremos.
México es un País de gente joven, pero las estadísticas dicen que el promedio de vida para los hombres y mujeres es mucho más alto que el que teníamos hace 20 años, y las expectativas de vida para los adultos son entre 75 y 80 años de vida.
En distintos ámbitos de la vida cotidiana es frecuente observar cómo se les falta el respeto y se les da un trato despectivo las personas de la tercera edad por falta de información y cultura, llegándolos a considerar una carga para la familia, inclusive los integrantes del círculo familiar se olvidan de ellos.
Idealizar la juventud como si ésta fuera eterna y no enseñar los valores aprendidos dentro de la familia, provoca un grave problema. Cada vez es más frecuente observar que no se sabe qué hacer con las personas que ya están jubiladas o que han perdido el empleo por tener cierta edad, y es mucho más desalentador observar la pobre asistencia médica que los ancianos reciben si es que cuentan con ella.
¿Por qué sentir tanto rechazo hacia la vejez?
¿Por qué sentir que estorban y molestan los integrantes de la familia que en años anteriores fueron el soporte familiar?
¿Por qué no dar un lugar especial a los ancianos dentro del hogar?
Por ignorancia, falta de valores y la excusa obligada: "No tengo tiempo". Lo que deberíamos hacer primero es enseñar la cultura del amor y respeto hacia las personas mayores, empezando por aclarar que nuestras vidas se rigen por ciclos: infancia, adolescencia, madurez y vejez.
El ciclo de la vejez es el menos valorado porque no se entiende que sólo es el final de una etapa, que ahí se concentran todos las experiencias y sabiduría acumuladas, y que sólo se deteriora el exterior del cuerpo, pero en el interior de cada persona anciana existe un espíritu lleno de conocimiento, y se puede aprender mucho de las experiencias ya asimiladas por ellos.
Dedicar un poco de tiempo para aprender de las personas mayores, escuchar lo que tienen que decir y ofrecerles amor es algo que todos podemos hacer, pero necesitamos aprender esto desde pequeños dentro del núcleo familiar. Debemos recordar que como nosotros tratemos a los ancianos seremos tratados cuando lleguemos a la misma edad, y debemos cuestionarnos si realmente no tenemos el tiempo que ellos necesitan para regalarles un poco de atención dentro de todas las actividades programadas. Eso sería un buen inicio para un cambio en esta cultura y sobre todo, un ejemplo de conciencia para que los más jóvenes aprendan.
Dar el reconocimiento a las personas mayores es una forma de agradecer todo lo que ellas hicieron por nosotros y sobre todo, es una muestra de amor y comprensión hacia ellos.
¿Cuál es la diferencia entre un bebé recién nacido que demanda toda la atención, cuidado y admiración ante su comportamiento y un adulto mayor? Sólo una, el bebé inicia una etapa y el adulto mayor la está terminando, pero los dos merecen lo mismo, amor.
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