Desde niños todos acostumbran a ver a sus padres como dioses invencibles, se tiene la fantasía que serán eternos, y sobre todo, que siempre permanecerán jóvenes y sanos.
Así transcurre la vida de todos hasta que llega el momento de convertirse en padres y al mismo tiempo los padres pasan a ser abuelos. Es aquí cuando poco a poco, y con una velocidad imperceptible se inicia el deterioro de los abuelos, llegándose el momento donde los propios hijos inician el cuidado de ellos.
Una de las realidades más devastadoras es cuando se agolpan los años y los abuelos se convierten en ancianos, llegando a depender al cien por ciento de los demás para su supervivencia.
En algunos casos el deterioro es leve y se siguen valiendo por sí mismos, siendo casi imperceptible su envejecimiento, pero en otros la pendiente se acelera y se convierte en una presión y/o preocupación para los propios hijos. Aquí inician los planteamientos en cómo proteger a los padres ancianos que ahora se encuentran en alto riesgo, y lo más difícil de todo, que llegue el momento de recurrir a otras opciones para el cuidado y protección de ellos (internamiento hospitalario, necesidad de una enfermera día y noche y contemplar la opción de una casa de reposo).
Enfrentar estas decisiones puede ser estresante y difícil, generando roces entre los que tendrán que decidir el futuro de sus padres. Todos desearían que existiera una fórmula perfecta para solucionar este problema sin lastimarlos. Desafortunadamente esto no es así, y como están involucrados los sentimientos amorosos no hay forma de que no se lastime a todos los involucrados.
Tener claro que la salud y bienestar emocional está primero, y sobre todo, buscar la seguridad y protección de los ancianos, servirá como un paliativo para elegir la decisión más adecuada.