En la actualidad, la mayoría de las mujeres sufrimos una gran confusión para identificar el estado de ánimo por el que estamos pasando. Lo más común es que cuando estamos sufriendo un exagerado cansancio, agotamiento, falta de concentración o desinterés, nos referimos a este estado como "depre". Pero existe una gran diferencia entre la depresión, que es un estado provocado por causas exógenas, como algún acontecimiento externo real que nos lastima gravemente y las endógenas, que es deprimirse sin causa aparente por la necesitad de un químico en nuestro sistema nervioso, y que se resuelve con un antidepresivo.
Cuando una mujer lleva demasiado tiempo sin hacer un alto en sus actividades, sin ponerse en contacto consigo misma, sin tener un momento de introspección y de comunicación interior planteándose sus necesidades más importantes, llega a perder la cualidad de percibir lo que es demasiado y lo que no es suficiente, rebasando sus propios límites. Cuando pasa mucho tiempo sin detenernos a pensar en nosotras mismas y que tendríamos que parar, empezamos a perder las ideas creativas perdiendo así la capacidad de concentrarnos en quiénes somos, y no sabemos lo que hacemos y para qué lo hacemos.
Pensar "llevo demasiado tiempo trabajando como burra", "Estoy tan cansada que ni siquiera sé lo que hago o digo", se refleja en no saber la respuesta a cuestiones que son determinantes en la vida, como sentir que se malgasta la vida en un trabajo, en una tarea inútil o insatisfactoria o en una relación destructiva. Cuando una mujer lleva demasiado tiempo lejos de sí misma, cada vez se siente menos capaz de avanzar por la vida. En lugar de tomar las riendas de su existencia, deja que alguien más las tome decidiendo por ella. Está tan exhausta y aturdida que pasa por delante del lugar en el que podría hallar alivio y consuelo.
El cansancio o agotamiento está integrado por ideas, tareas y exigencias que no dan resultado, carecen de vida y no le aportan ninguna vida o motivación. La mujer que se encuentra en semejante estado se amarga, se vuelve irritable, es cada vez más exigente, pero al mismo tiempo está cada vez más dispersa. Cuando se llega a este extremo, no queda más remedio que hacer una cosa; la mujer sabe finalmente que tiene que hacer algo, detenerse y pensar en ella misma.
Hacer un alto es muy importante cuando la mujer ha estado ocupada en cuestiones y actividades del mundo exterior y ha permanecido en él demasiado tiempo.
¿Hasta cuándo? Cada mujer es distinta, basta decir que las mujeres saben con absoluta certeza cuándo han permanecido demasiado tiempo en el mundo sin tener contacto con sus necesidades interiores, y que es hora de ir a ese lugar interior y ponerse en contacto con sus propias necesidades.
Sus cuerpos están en el aquí y ahora, pero sus mentes están muy lejos.
Algunas mujeres se mueren de ganas de iniciar una nueva vida, viven simplemente para el mes que viene, hasta que pase el semestre, están deseando que termine el invierno para poder volver a sentirse vivas, están deseando que llegue una fecha místicamente establecida en algún momento del futuro en la que finalmente serán libres de hacer algo prodigioso.
Experimentan desasosiego, sensación de privación, nostalgia. Esto es algo permanente que se va intensificando conforme pasa el tiempo. Pese a lo cual muchas mujeres siguen con sus rutinas cotidianas, miran con expresión sumisa, sonríen con afectación y se comportan como si se sintieran culpables. "Sí, sí, ya lo sé" -dicen-. Tendría que hacerlo, pero, pero, pero...". Los peros de sus frases son la señal que ha permanecido demasiado tiempo en el mundo exterior. Algunas mujeres temen que los que las rodean no comprendan su necesidad de tomarse un tiempo para sí mismas, y puede que no todo el mundo las comprenda, pero la que tiene que comprender es la propia mujer.
Cuando una mujer respeta sus propios ciclos, los que las rodean tienen que entregarse a la tarea de su propia individualización y a la resolución de sus propias cuestiones vitales. Esto propicia el crecimiento y el desarrollo de los demás.
Hay que dejar en claro que estos momentos de introspección y comunicación consigo misma pueden ser muchas cosas distintas para muchas mujeres distintas. Es importante entender que esto no cuesta necesariamente dinero, y que hay maneras, muchas son profanas y otras divinas. Este contacto con una misma se pueden traducir con leer un libro que nos ha emocionado, hacer una larga caminata, estar en compañía de un ser amado sin la presencia de los niños, caminar esperando el amanecer, tener un amigo especial, sostener a un niño en brazos, ponerse a escribir, plantar procurando ensuciarse las manos, contemplar la gracia, la belleza, la conmovedora fragilidad del ser humano.
No es necesario emprender un largo y arduo viaje, pero tampoco se trata de dar a entender que se trata de algo muy simple, porque exige vencer una considerable resistencia tanto si es fácil como si es difícil. Para empezar, una mujer tiene que alejarse, estar consigo misma, y hacerse las preguntas correctas.
Probablemente esto provoque el enfado de los demás, pero esto es preferible antes de tener que alejarse finalmente a rastras sin energía para renovarse. Por consiguiente, las mujeres que están cansadas y transitoriamente hartas del mundo, que se tomen un poco de aire libre e interrumpir sus actividades, "ya es hora de que despierten". De volverse a sentir enteras y plenamente vivas.
Promesas rotas
¿Le suenan conocidas las siguientes frases?