Desde que inicia la adolescencia se empieza a contemplar la idea de tener un compañero (a) para asistir a los bailes, salir a pasear y sobre todo, probar lo que se siente estar enamorado.
En los adultos se presenta como una necesidad tener una pareja, aunque en los hombres se da como el inicio de conocer y aprender lo que en un futuro sería compartir una relación estable. En las mujeres se inicia como una necesidad apremiante de tener un compañero (el príncipe azul), y después formar una familia.
Lo que muy pocas veces se plantean es que sucederá cuando realmente se tenga una pareja, así como las dudas y miedos que aparecerán (en forma inconsciente) al estar dentro de una relación.
La fantasía de tener una pareja es que automáticamente todo será amor, y que no existirán malos entendidos. Es aquí cuando inician todos los problemas. Lo primero que se necesita saber es que al estar juntas dos personas y empezar una relación, también se juntan las dos historias que cada uno trae cargando consigo mismo, las experiencias pasadas y los miedos e inseguridades que no se han resuelto. Cuando estos aparecen, el primer impulso es huir o romper la relación, siendo un gran error retirarse sin antes explorar que es lo que está sucediendo, y que es lo que produce tanto miedo.
Algunos de los principales miedos son: Miedo al rechazo. Puede ser experimentado porque realmente se le está rechazando, o porque revivieron las experiencias vividas en la niñez y aparece el mismo dolor experimentado en el pasado, como es en muchos casos. Miedo al abandono.
El miedo a ser abandonado impide disfrutar la relación, y este se inicia casi siempre cuando no se tiene la seguridad personal de que la pareja tiene un compromiso y piensa que lo abandonará. Miedo a la fusión. Se experimenta cuando la persona al unirse en una relación sentimental no conserva su propia individualidad, y siente que en cualquier momento perderá la identidad propia para adoptar la de la pareja.
¿Qué sucede cuando los dos experimentan algún tipo de estos miedos? Generalmente se tiene como resultado relaciones con mucho dolor y angustia o discusión, ya que al juntarse los miedos, por ejemplo una persona con miedo al abandono que está con una que le tiene miedo al rechazo, vivirán en constante angustia y sentirán que son constantemente lastimados. Hablar y abrir el corazón a la pareja es lo único que permitirá que los dos se comprendan, pero sobre todo, entenderán que nadie es responsable de cargar con los miedos ajenos, sino que es una responsabilidad personal el enfrentarlos, y sobre todo solucionarlos.