“Así se aprende el sentimiento de la culpa”

La niña de seis años que solo piensa en jugar y divertirse, cuando solo ve el mundo color de rosa y soñando que la vida es maravillosa. A esa edad no se conoce lo que es “Un pecado” lo que es “Una condena” y lo que es “La Maldad”.
A ella se le exige que se prepare para hacer su “Primera Comunión”, porque ante la sociedad y su propia familia es la edad donde estará lista y entenderá lo que es recibir con su participación su primera Eucaristía. Así las cosas va con disciplina militar a sus clases de catecismo, se aprende todo correctamente para estar lista para la gran celebración. Uno de los requisitos para tan anhelado evento es que un día antes de confiese, y ella piensa: Qué tendré que decir?, Qué habré echo mal?, Cuáles y cuántos serán los pecados que ha cometido en su larga vida?, pues lista para la confesión se enfrenta ante la autoridad; un serio, maduro y estricto Sacerdote.
La primera pregunta: Qué pecados has cometido? Con la cara de ingenuidad y de asombro la niña piensa que no está segura de cuáles ha cometido. Y decide empezar a narrar la larga lista de pecados acumulada en sus seis años.
Ella inicia diciendo: He desobedecido a mis papás, me he peleado con mis hermanitos, he dicho malas palabras, he dicho mentiras, aquí interviene el sacerdote preguntando seriamente: Que clase de mentiras? (claro que la niña casi a punto de las lágrimas dice: cuando digo que terminé mi tarea, no es cierto; cuando digo que arreglé mi ropa, no lo he echo, cuando me preguntan si yo tire algún juguete, también lo niego). El Sacerdote satisfecho con la confesión pregunta: Algo más? La niña haciendo su mejor esfuerzo por no llorar ante tan terrible confesión y sobre todo por no llorar ni olvidar nada responde: “no, creo que es todo”.
Recibe su larga penitencia la cual reza con mucha disciplina se siente liberada y lista para al día siguiente, ha llegado la hora de “Hacer su primera Comunión”
El día soñado llega, feliz con su vestido blanco, su rosario, vela y librito de oraciones se prepara para la transformación que logrará su vida al recibir la Sagrada Comunión.
Fueron muchos meses de esperar el día en el cual se convertiría en una persona diferente, en el cual al recibir el Cuerpo y Sangre de Cristo podría transformarse en alguien especial, en alguien merecedora de un Sagrado privilegio y donde su vida sería diferente.
Lista para tan ansiado evento, recibe la Comunión y con los ojos cerrados espera la iluminación. Lo que sucede a continuación es un terrible dolor en su corazón, una sorpresiva desilusión, un llanto desolador por enfrentarse a una terrible realidad: No se iluminó, no sintió la llegada de Cristo tan esperada, nadie la había preparado para esto, y lo mas triste: no se transformó en “Alguien Diferente”.
Después de terminada la ceremonia y festejo, la niña sigue incrédula, del porqué? solo a ella le ha pasado eso? Y decide comentárselo a su madre, la madre con un sentido de pesar le dice: Algo habrás echo mal, quizás no lo hiciste con suficiente devoción, o lo mas terrible: Quizás no merecías ese Don porque no has echo el suficiente esfuerzo espiritual.

El juicio, la crítica y la censura son excelentes aprendizajes para aprender a sentir “Culpa”, para sentirse “No merecedora” y “No ser lo suficientemente buena”

Y lo mas difícil: Esa niña soy Yo

Martha Sáenz

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