Artículos relacionados con la familia

Bienvenidos a la adicción
Cuando la familia es disfuncional
Depresión la epidemia
El dragón oculto en la sala familiar
Es la unión familiar un mito
Familias desintegradas
La depresión en los adultos
La importancia de la salud mental
Mujeres que trabajan fuera del hogar
No te desquites con tus hijos
Violencia genera violencia

Bienvenidos a la adicción

Desde finales del mes de diciembre, todos en la ciudad estuvimos celebrando las últimas horas del año 2007 y los primeros días de este nuevo año 2008, y hemos conservado un estado alterado con la adrenalina alta de compartir con todos los amigos y seres queridos las últimas festividades del año, sintiendo la necesidad de llenar los vacíos emocionales que se nos removieron en estas fechas. Esto ha impedido que nos pongamos a reflexionar que estamos involucrados con una excelente excusa para aumentar la ingesta de las bebidas alcohólicas, hasta llegar inducir o justificar el alcoholismo.

Los Mexicanos que acostumbramos a hacer una broma hasta de las cosas más difíciles por las que pasamos, no podríamos dejar de lado estas fechas y encontrar un nombre para justificar y bromear con el hecho de consumir más alcohol. Por supuesto, lo bautizamos con el nombre de “El maratón Guadalupe-Reyes”.
Muchos de los que viven fuera del país no comprenderán que significa este dicho, y no entenderán que es una forma de justificar el inicio de las fiestas consumiendo bebidas embriagantes desde el 12 de diciembre. Este es un día muy importante para México, ya que en nuestro país predomina el catolicismo y tenemos como máxima representante de nuestra cultura a la madre de los mexicanos, la “Virgen de Guadalupe”, y es en este día cuando se le rinde homenaje. Para justificar el término de maratón, las fiestas lo alargamos hasta el día 6 de enero, cuando se celebra el “Día de los Reyes Magos”.
Esta y muchas excusas más se presentan durante todo el año, (la nueva idea de hacer la torna, que significa alargar el horario en los festejos que permiten que cada fiesta dure hasta las 5 ó 6 de la mañana) sólo sirve para aprovechar el evento y seguir consumiendo más alcohol.
Para los que no están dentro del medio de cómo se genera el alcoholismo y su significado, estos eventos pasarán sin poner en ellos mucha atención, y sólo si se ven o se han visto afectados por ellos (como haber sufrido un accidente o la pérdida de un ser querido por este motivo), esto les pasará desapercibido, al cerrar los ojos ante una llamada de alerta que nos está avisando de un problema que pronto enfrentará la familia y que impactará a toda la sociedad.
Permitir que los jóvenes puedan adquirir este tipo de bebidas desde los 18 años, pone en manos de ellos la responsabilidad de ser adultos, y medir cuándo y cuánto alcohol puede adquirir e ingerir cada uno.
Si tan sólo se informaran de que las estadísticas cada día son más alarmantes en nuestro país, que estas nos indican que la edad promedio en México en la que un adolescente inicia o ha probado alguna bebida alcohólica es en promedio la edad de 14 años.
¿Usted que haría?
¿Permitiría que sus hijos iniciaran a edad temprana la ingesta de alcohol?
¿Dejaría pasar de largo o justificaría a su hijo(a) menor cuando lo ve, o sabe que se encuentra en estado alcoholizado?
Estas y muchas preguntas más nos cuestionamos los que además de ser padres, atendemos este tipo de problemas en jóvenes y en familias, donde uno o más de sus integrantes son alcohólicos, y los efectos devastadores que provocan en sus seres queridos llegan hasta la destrucción de toda la familia.

Cerrar los ojos ante esta terrible realidad, y pensar que a nosotros nunca nos ocurrirá, permite que el problema no sea abordado de una forma madura, seria y responsable por parte de los adultos encargados de prevenir cualquier tipo de adicciones, y por muy difícil que se presente la situación se debe buscar una solución.

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Cuando la familia es disfuncional

El mito de la familia unida e integrada se ha desvanecido por la cantidad de cambios que han sucedido en nuestra sociedad.
La mayoría de los adultos, esperan mantener a la familia unida con comunicación y cordialidad para toda la vida, pero los cambios que ahora se presentan y las diferentes dinámicas emocionales, han hecho que este sueño quede en el olvido.

El alcoholismo, el divorcio, la infidelidad, la violencia doméstica, el uso de drogas y muchas alteraciones más, hacen que los niños, y sobre todo, los jóvenes empiecen a desear salir pronto del hogar, y ante la primera oportunidad de lograrlo salen huyendo prometiéndose no regresar jamás.

Es triste ver como cada día se desintegran más y más hogares. Todos los sueños con los que se inicio la familia se desvanecen por no poder enfrentar dichas adversidades. Tener el coraje y la valentía de enfrentar los problemas desde adentro del hogar, y sobre todo, de buscarles solución, requiere un gran esfuerzo y dedicación, ya que estos no se solucionan de la noche a la mañana.

Los adultos tienen en sus manos el poder de diseñar que tipo de familia quieren tener, mantener unida y hacer que los hijos desde pequeños aprendan a ventilar y hablar de lo que les agrada o les molesta dentro del núcleo familiar, dándoles la oportunidad a los padres de buscar opciones y soluciones a dichas problemáticas.

Iniciar con modelos sanos una familia, aprender a reparar los errores que ya se han cometido, sanar los problemas y áreas disfuncionales permitirá que se honre la palabra “FAMILIA”.

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Depresión "La Epidemia Del Siglo XXI"

La depresión no sólo es un estado de tristeza por el que pasan las personas, es en realidad una enfermedad que conlleva un trastorno severo, que afecta a las personas con consecuencias muchas veces fatales.
Los síntomas de la depresión son:
• Un estado total de desánimo.
• Tristeza constante.
• Pérdida de interés o placer en casi todas las actividades.
• Alteraciones en el apetito.
• Cambio en el peso.
• Alteraciones en el sueño.
• Agitación o disminución de la capacidad de movimiento.
• Sentimientos de inutilidad o culpa.
• Dificultad para concentrarse o pensar.
• Ideas de muerte o pensamientos suicidas.

Es difícil identificarla debido a que dentro de los mecanismos que desarrollan los adultos, se encuentra uno en donde se esconde y es difícil de encontrar. Este mecanismo socialmente aceptable se presenta cuando las personas se ponen a trabajar horas extras, hacen demasiado ejercicio, compran compulsivamente, comen o dejar de comer en exageración y muchas formas más. Con frecuencia son los familiares los que notan primero estos síntomas, pero a veces las personas deprimidas ya se han alejado tanto de la familia, que pasan desapercibidos estos cambios en su conducta.

Si usted o alguien de su familia inicia con algunos de estos síntomas "Póngales atención", no podemos permitir no atender y reconocer que algo grave está sucediendo, y mucho menos, esperar a que este tenga un desenlace sorpresivo o fatal.
¿Qué estaría usted dispuesto a hacer por alguien a quien realmente ama?

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El dragón oculto en la sala familiar.

En la mayoría de las familias existe la costumbre de que si existe un problema grave dentro del núcleo familiar, o alguien tiene alguna disfunción emocional, debe permanecer oculta dentro de la misma. El problema se magnifica debido a la tendencia de esconder los problemas argumentando "LA ROPA SUCIA SE LAVA EN CASA", y también se niega y se reprime a los integrantes de la familia para hablar de los problemas, y sobre todo, no existe la posibilidad de buscar la solución.

Negar, reprimir o racionalizar y simular que no pasa nada hace que el dragón se vuelva más amenazador, y que cada día enferme más a la persona que tiene el problema, y sobre todo, a todos los miembros de la familia por tener que fingir que todo esta bien.

Tener uno o varios integrantes de la familia que sufren de alcoholismo, hace que toda la familia se vuelva disfuncional, repercutiendo no solamente dentro de la casa, sino en las actividades y relaciones que se tienen fuera de ella.
Por mucho tiempo se ha tratado de hacer pasar por aceptable el comportamiento del alcohólico, mismo que no se puede justificar, ni se puede minimizar el problema diciendo que es un bebedor social, que es temporal y que vive en ese estado por el estrés, pero que pronto pasará. La negación total es el peor error al esperar que los síntomas de dicha enfermedad desaparezcan por si solos, o con una simple promesa de cambiar.

Si queremos tener familias sanas hay que hablar y abordar los problemas de frente, y sobre todo, ponerles el nombre adecuado a la disfunción que se está padeciendo.
El alcoholismo es una enfermedad degenerativa, progresiva y mortal. Siempre afecta a todo el entorno familiar ya que no respeta edades ni nivel cultural. El enfermo que la padece está en alto riesgo por las consecuencias que esto provoca, y la familia se vuelve co-dependiente al tratar de ayudar u ocultar el problema participando en el estado disfuncional en la persona.
Si se prohíbe a los integrantes de la familia hablar de lo que está pasando magnifica el problema y afecta mucho más. Incluso en los niños existe la creencia de que no se dan cuenta de lo que pasa, y esto los aísla de los adultos, generando un sentimiento de abandono ya que al darse cuenta de lo que sucede, se les excluye y cierra la posibilidad de hablar de ello. La mayoría de las veces los menores también manifiestan síntomas provocados por el estrés y la presión de vivir con un familiar alcohólico. Esto es un problema serio, y se necesita conseguir ayuda para toda la familia y enfrentar el problema hablando abiertamente de sus consecuencias.

Es difícil tener el Dragón dentro de la casa, pero más difícil es dejarlo crecer y permitirle que queme arruinando la vida de todos los integrantes de la familia.
Pedir ayuda no los convierte en personas frágiles y temerosas, al contrario, es un síntoma de fortaleza, y sobre todo, de salud mental.

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¿Es la unión familiar un mito?

Muchas familias me han preguntado en mi consultorio por qué su familia no es unida, y por qué se presentan tantos problemas o les es difícil de convivir entre ellos.

Cuando los hermanos son niños y los padres jóvenes, la familia se mantiene unida ya que comparten intereses en común, desde los juguetes, ropa, horas de juego, ver televisión juntos e incluso, salir a los mismos paseos familiares acompañados del padre y la madre. Generalmente los niños van a la misma escuela, comparten amigos y casi siempre están bajo la supervisión de la madre o de una persona cercana a la familia, si es que la madre trabaja.
Con los años, los amigos de cada uno de los integrantes de la familia llegan a conocer a todos, e incluso se llega a compartir lazos de amistad que pueden perdurar toda la vida.
Al crecer cada hijo se integran nuevas personas al núcleo familiar, como amigos y parejas sentimentales. Es aquí cuando cada integrante de la familia inicia una nueva etapa donde no necesariamente se comparten los intereses que anteriormente se compartían, y no siempre les permite estar unidos.
Las cosas tienden a cambiar cuando se formaliza alguna relación y se casa el primer miembro de la familia, seguido por los demás a través de los años.

Una costumbre arraigada en México es que cuando la hija se casa, la familia materna integra a la propia hija y su descendencia (se acostumbra decir que se ganó a un nuevo hijo), llegando incluso a hacerse cargo o cuidar a los hijos (nietos) de ella si es que trabaja. Por el contrario, si el que se casa es un hijo, se espera que se integre más a la familia de la esposa y aquí se empieza a sentir lo que menciona un dicho popular “Si se casa mi hija, mi familia crece, si se casa mi hijo, pierdo un hijo”.

Lo que podría fluir con naturalidad aprendiendo a respetar el lugar que ahora tienen los suegros y futuros abuelos, muchas veces se vuelve un conflicto generando un estira y afloja entre las familias, y se inicia una rivalidad por lograr tener más atención con su propia familia (la del hombre o la de la mujer). Muchas veces resulta conflictivo y doloroso cuando se inicia la competencia de que familia obtendrá más atención por el nuevo matrimonio recién formado.
La situación se agrava cuando uno de los dos integrantes de la recién pareja tiene lazos de unión o dependencia muy fuerte con su padre o con su madre. Inclusive los padres a veces continúan manteniendo el control sobre alguno de ellos, o de los dos en su nuevo estilo de vida, como si no se hubieran salido del hogar para formar su propia familia.
De esta manera, los conflictos pueden continuar por años, hasta llegar a ser irreconciliables.

Valdría la pena recordar lo siguiente:
El que se casa, casa quiere, y la palabra casados significa casa de dos.
El amor que se le da a la pareja es para que continúe unida con él o ella.
El amor que se les da a los hijos es para que aprendan a volar.

¿Está tratando a sus suegros de la misma forma en que le gustaría que trataran a sus padres?
Si se tiene claro que competir y generar conflictos con la familia de su pareja provocará dolor en ella, podrá usted aprender a respetarla manteniendo los límites adecuados para conservar la paz familiar.

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Familias desintegradas

La modernidad nos ha permitido tener acceso a mejores medios de comunicación, así como a alta tecnología, pero al mismo tiempo hemos cambiado el enfoque que teníamos acerca de la familia.

Antes la familia permanecía unida hasta que alguno de los hijos se casaba, y los demás no se planteaban dejar el hogar porque tenían muy claro que ese era el lugar que les correspondía. Si alguno de los hijos tenía problemas o se llegaba a embarazar sin contar con una pareja que la respaldara, era un hecho que la hija junto con su pequeño se incorporaría al núcleo familiar, sin hacerse muchos cuestionamientos. Si un hijo se divorciaba, se esperaba que regresara al hogar muchas veces con sus propios hijos, aumentando la familia y haciéndola más numerosa.
Hoy en día, cada vez se ve con más frecuencia que las familias se desintegran y que cada uno forma su vida en diferentes lugares al del resto de la familia.

¿Qué fue lo que sucedió?
Primero, empezaron a ocurrir más divorcios. Después los hijos salieron de casa a más temprana edad (se puso de moda los intercambios a nivel escolar, la independencia de los hijos o que se fueran a vivir con sus propios amigos), y al estar ellos fuera y libres, disminuyó la edad en que los mismos empezaron a tener sus propios hijos.

Enseñar altos valores como el amor, el respeto y la comunicación son determinantes para que al llegar la hora de abandonar el hogar, la familia conserve lazos amorosos, y sobre todo, que sin importar el lugar donde se encuentren cada uno pueda sentir la fortaleza interna de saber que son amados y esperados por su propia familia.
No se trata de juzgar cuál de todas es la mejor opción, esto sólo lo podrá determinar cada adulto al enfrentar su propia realidad, pero hay que recalcar que las bases familiares, valores y lazos de amor desarrollados dentro del núcleo familiar serán los que los acompañarán a todas partes, y les servirán para formar su propia familia.

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La depresión en los adultos

Existen dos tipos de depresión: la Exógena, provocada por algún evento externo como la pérdida de un ser querido, y la Endógena provocada por situaciones emocionales o un trastorno bioquímico interno.
La primera después de elaborar el duelo por la pérdida, y pasar un tiempo de 6 meses a un año suele desparecer. La segunda muchas veces causa confusión, y es difícil de identificar. Se presenta sin que exista una razón externa aparente (la mayoría de las personas la toman con ligereza argumentando que no entiende por qué esta deprimido). No por esto deja de ser preocupante, y se necesita atender antes de que se complique con síntomas físicos o llegue a un desenlace fatal.

La mayoría de las veces, las personas se avergüenzan de hablar acerca de cómo se sienten por miedo a ser juzgadas o criticadas, pero es muy importante detectarla a tiempo y pedir ayuda. Esto de ninguna manera será juzgado o criticado por las personas profesionales, ya que a la depresión se le ha llamado "La enfermedad del Nuevo Siglo"

Estos son algunos síntomas de la depresión:
• La persona se encuentra triste y desganada.
• Pierde el interés hasta por las actividades que más le gustan.
• Puede comer poco o aumentar de peso.
• Tiene problemas para dormir o duerme demasiado.
• Sus movimientos son lentos, muestra intranquilidad o hiperactividad poco común.
• Se siente culpable, impotente o inútil, se sobrecarga de trabajo para evitar sentir.
• Siente apatía, fatiga y poca energía mostrándose cansada todo el tiempo.
• No se puede concentrar, se muestra distraída y se le dificulta tomar decisiones.
• Le asaltan ideas de muerte y a veces piensa en el suicidio.
• Piensa que la vida lo ha tratado mal, y que es víctima de las circunstancias.

Si usted conoce a una persona así, o es usted mismo el que lo siente pida ayuda. Muchas veces el esperar demasiado tiempo puede empeorar las cosas.
Ser compasivo con uno mismo y aceptar su realidad es lo más amoroso que puede hacer por sí mismo.

Si presenta 5 o más de los síntomas mencionados... PIDA AYUDA.

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La importancia de “La Salud Mental”

Las madres y los adolescentes como protagonistas de homicidios y suicidios.

Es sorprendente cómo nos acostumbramos como sociedad, a ver común el fenómeno frecuente homicidios-suicidios, donde cada vez participan más los jóvenes adolescentes e incluso las propias madres.

Si queremos cambiar como sociedad necesitamos detenernos a pensar lo que está sucediendo en este mundo, y no verlo como un caso aislado fuera de nuestro país.
Ahora este factor se encuentra aquí, y corremos el riesgo de observar este problema como común en una sociedad, donde no nos estamos responsabilizando de la salud mental de sus integrantes.

En el caso del adolescente homicida-suicida de Wisconsin, la madre homicida-suicida de Hualahuises y el último joven asesino con severa depresión que mata a los integrantes de su propia familia en Los Ángeles, todos ellos con graves perturbaciones mentales, y con un historial de señales donde claramente se mostraban necesitados de ayuda, podemos observar que todos ellos tenía en común un factor, que todos ellos ya habían presentado síntomas de encontrarse perturbados. La familia y/o amigos sabían que algo no estaba bien con ellos, y que antes de entrar en un estado de desesperación ya habían pedido algún tipo de ayuda.
Lo único que estas situaciones tan dolorosas dejan de aprendizaje es tomar en serio las enfermedades mentales, y sobre todo, a prevenir este tipo de desenlaces buscando la solución adecuada para dichos problemas.

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Mujeres que trabajan fuera del hogar

Cada vez es mayor el número de mujeres que trabajan fuera de la casa. Algunas lo hacen porque lo necesitan, otras para desarrollar su carrera profesional y otras porque la economía familiar cuenta con su colaboración, pero sin importar cual sea el motivo, la mujer siempre se siente dividida y sobrecargada por desempeñar varios roles.
Esto muchas veces genera un estrés extra para la mujer, ya que presenta diferentes dificultades al desempeñar la función como ama de casa, mujer trabajadora y madre de familia.

Los obstáculos a enfrentar son:
• No siempre las ayudan o apoyan.
• Qué hacer y dónde dejar a sus hijos.
• Están sobrecargadas de estrés al pensar si estarán tomando las decisiones adecuadas.
• En el trabajo muchas veces son incomprendidas en el rol que desempeñan como madres y trabajadoras.
• Muchas veces son devaluadas.
• Falta de apoyo por parte de la familia o de su propia pareja.
¿QUÉ HACER ANTE ESTA PROBLEMÁTICA?
• Pensar que el trabajo que realizan pronto se verá reflejado en la sociedad al reconocer sus derechos, les hará sentirse recompensadas por la tarea que realizan. Debe enseñar a sus hijos que el trabajo de la madre es valioso, ya que apoya a la economía familiar.
• Aprovechar el máximo la convivencia de los hijos y seres queridos.
• Dejar de culparse y dignificar el rol que están desempeñando.
• Saber que les tocó una época donde la sociedad y la cultura presionan para que se lleve a cabo la división del rol femenino

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No te desquites con tus hijos

Durante muchos años me he dedicado a investigar, estudiar y escribir sobre la violencia que se ejerce en contra de las mujeres, los niños y los ancianos desprotegidos. Aún con tanta publicidad, campañas y agrupaciones que se dedican a enseñar, prevenir y reparar los daños, esto ha sido imposible de detener.

En mi trabajo cada vez es más frecuente escuchar las quejas de maltrato físico y emocional que los menores y adolescentes sufren, y a las cuales están expuestos dentro del núcleo familiar, sobre todo como ellos mismos y sus amigos se cuestionan qué es lo que les sucede a sus propias madres. Lo esperado es que ellas los protejan vigilando su integridad física y emocional, los orienten dentro de esta sociedad y que desempeñen el rol como formadoras protectoras de hijos sanos, adaptados a funcionar dentro de un medio agresivo y muchas veces violento fuera de casa, pero integrados dentro de la sociedad.
No ha bastado con concientizar a la mujer de este problema. Se han endurecido los castigos, y las leyes han cambiado sin reportarse bajas importantes en las estadísticas. Por el contrario, éstas van cada día en aumento, ante lo cual no se encuentra explicación o acción que justifique dicho comportamiento agresivo y destructivo, pero el lado que permanecía oculto y que nos cuesta mucho trabajo ver, es que la violencia no sólo se ejerce de los hombres hacia las mujeres y los desprotegidos, sino que ha salido a la luz el lado oscuro de las mujeres: la violencia ejercida hacia sus hijos o menores de edad.
Este fenómeno no es nuevo, pero lo que sí es de llamar la atención, es que se esté incrementando sin que nadie pueda hacer nada, y lo que es más terrible, sin que nadie lo aborde abiertamente. Lo debemos sacar a la luz, enfrentarlo y ponerle un alto.
Antes, en nombre de la disciplina, a los menores se les castigaba y golpeaba brutalmente sin que nadie se asombrara y ni comentara que eso era una agresión directa hacia ellos, además de una disminución en su seguridad personal y autoestima.

Con el paso de los años, con estudios más profundos y avanzados, se ha llegado a poner un nombre preciso a cada tipo de violencia, y se han tipificado sus consecuencias.
Violencia o abuso físico, sexual, emocional y económico son los nombres que se aplican a lo que ahora sucede, y que por desgracia nos estamos acostumbrando a ver como un fenómeno natural dentro de nuestra sociedad.

Mamás fuera de control.
¿Qué nos pasa? ¿Por qué no hablamos, intervenimos y lo callamos? ¿Saben que al hacerlo nos convertimos en cómplices pasivos? Somos cómplices de la destrucción de la salud, dignidad, integridad y autoestima de un menor.
El problema se encuentra fuera de control; esto es porque no se ha podido dar una opción a la mujer, y sobre todo, un entrenamiento de qué hacer ante su frustración o ante las desventajas y problemática que día a día tiene que enfrentar. Aquí se inicia el maltrato como una forma de desquite ante el dolor o frustración, que ella misma enfrenta y del cual no encuentra salida. Lo más grave de todo es que no se atreve a hablar de ello o pedir ayuda.

Cualquier excusa en las mujeres es justificada para agredir a un menor y estas excusas son:
• Que los niños son muy traviesos y necesitan correctivos.
• Que sólo con golpes aprenden.
• Que se les pega "Por su propio bien".
• Que ellos con su comportamiento los piden a gritos (los golpes).

La violencia que no se ve.
Esto es en cuanto a la violencia física, pero ¿Qué pasa con la violencia emocional?
Aquí se encuentra la herramienta más poderosa de las madres que manipulan, culpan, devalúan, chantajean y agreden sin control a sus propios hijos sin que nadie opine o intervenga a favor o en defensa de ellos, incluso ni su propio padre. Ante esto, los niños se sienten merecedores de correctivos ya que idealizan el rol de la madre y suponen que ella está en lo correcto, asumiendo toda la culpa, y cargándola por el resto de sus vidas.
Se les amenaza con el abandono, se les obliga a callar, se les miente y si ellos lo cuestionan, se les reprime o castiga aún más fuerte.
¿Estaremos conscientes del tipo de menores que estamos formando? ¿Estaremos visualizando y pensando en qué tipo de adultos se van a convertir? Definitivamente estoy segura que no.

Alarmarnos ante la sociedad que tenemos, acusar a los adolescentes y adultos que ejecutan hechos delictivos no nos convierte en mejores mujeres formadoras de hijos con valores y actitudes sanas hacia la sociedad.

Suena trillado decir que la violencia genera violencia, y por más que busquemos responsables de lo que nos sucede como sociedad, lo primero que debemos hacer es voltear a nuestra propia casa y ver qué es lo que está sucediendo dentro de ella.

Enfrentar problemas con la pareja como los económicos, frustraciones en cuanto a la realización personal, presiones sociales o familiares no son excusas que suavicen o justifiquen el daño hacia los menores, y mucho menos la destrucción física y emocional de los mismos.

Ser madres no nos adjudica un título especial, ni nos autoriza a ejercer el poder y la autoridad que como adultas tenemos sobre nuestros propios hijos o menores.
¿Por qué las mujeres no enfrentamos nuestras propias frustraciones?, ¿Por qué desquitarse con el más débil, en vez de tomar una acción correctiva hacia la problemática que se está viviendo?
¿Existirá alguna excusa lo suficientemente grande para justificar dicho comportamiento?

La solución está en las manos de cada mujer, se necesita utilizar todo ese coraje y rabia en un sentido de autoconciencia para sanar la problemática que se está viviendo.
Enfrentar y aceptar con humildad este grave problema, reconocer que se está viviendo una crisis y que se necesita ayuda, sería el primer paso para cambiar la destrucción de la familia, y sobre todo, de los pequeños inocentes víctimas de los impulsos violentos e incontrolables de las mujeres.

Si hay algo en este artículo que no te hace sentir bien o te incomoda como mujer o madre, y a ti como padre te hace pensar que algo está pasando en casa, probablemente necesites investigar qué es y buscar ayuda.

El valor de ejercer el rol de madre está en formar e intervenir para tener hijos sanos, no sólo en aparentar tenerlos.

Debe buscar ayuda si:
• Estás deprimida, enojada y angustiada la mayor parte del día.
• Te cuesta tolerar el comportamiento de tus hijos.
• Te molesta satisfacer las necesidades diarias de tus hijos.
• Has empezado a maltratarlos, gritarles o dañarlos.
• Piensas que fue un error tener a tus hijos.
• Has deseado abandonarlos, o que desaparezcan de tu vida.

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Violencia genera violencia

En el área metropolitana cada día se incrementa vertiginosamente el número de casos de violencia intrafamiliar. Los que participamos como espectadores queremos mantener distancia en este problema, queriendo pensar que se encuentra lejos de nuestras familias. Desgraciadamente cerrar los ojos no nos excluye de él, ya que estamos involucrados como actores activos, pasivos o protagonistas de primer reparto en el deterioro familiar.

Mi experiencia dentro de la Procuraduría General de Justicia, y mis años de psicoterapeuta familiar en la consulta privada, me enfrentan día con día a una cruda y cruel realidad que es difícil de ocultar o evitar.
El Estado ocupa el segundo lugar en víctimas de violencia, y se calcula que una de cada dos mujeres sufrirá durante su vida algún tipo de abuso, ya sea éste físico, sexual y/o psicológico, pero el problema no termina aquí. Nunca nos cuestionamos cómo se forma este tipo de personalidad, y cómo termina destruyendo el núcleo familiar.
El inicio de esta conducta "aprendida" (y todo lo que se aprende se puede des-aprender o modificar) es algo que nunca se cuestiona, y por lo tanto las mujeres terminan asumiendo que "Así les tocó vivir", como si realmente fuera cuestión de suerte y no se pudiera cambiar nada de la formación familiar aprendida, respaldada y en su mayoría justificada por nuestra sociedad.

¿Cómo se genera este problema?
Para aprender a ser violento no hay nada como ser testigo o víctima de la violencia durante la infancia. Basta con ver estadísticas que muestran que el cincuenta por ciento de los delincuentes adultos son personas que fueron maltratadas durante su infancia.
El maltrato infantil se califica como la forma de violencia más devastadora para el individuo y la sociedad.

Durante los primeros años de vida los seres humanos desarrollan la facultad para la compasión, el aprecio a la vida y la capacidad de sentir dolor por otras personas, por lo que si son sometidos a actos de violencia como víctimas u observadores, no asimilarán tales capacidades, y una vez adultos serán los más dispuestos a usar la fuerza bruta para resolver sus propios conflictos. El niño que ha sido maltratado cuando crece se vuelve verdugo, y la niña se vuelve víctima o victimaria de los suyos, por lo que se mantiene el círculo vicioso de la violencia.

Los maltratos a los niños y en concreto el abuso sexual, dan lugar a una serie de problemas psicológicos importantes cuando el menor se convierte en adulto, como la depresión crónica, conductas sociopáticas, fuertes tendencias al alcoholismo o la drogadicción, etcétera.
Hay que recordar que los datos existentes sobre la incidencia del maltrato a los niños, reflejan una proporción mucho menor de la real. Este tipo de violencia se ejecuta de forma secreta en el ámbito familiar. La prevención es la vía fundamental para disminuir este problema.
Es fundamental la preparación y educación de los padres con el fin de conocer y detectar cuáles son las necesidades de los pequeños, y aprendan las señales o síntomas de alerta que indiquen qué es lo que está viviendo el menor.

La violencia es un problema familiar, social y educativo donde estamos involucrados todos. Hacer caso omiso ante la gravedad de esta situación nos convierte en cómplices por acción participando en la agresión o por omisión, al callar de la destrucción de nuestra niñez que es el futuro de la sociedad.

¿Menores violentados?
Conocer algunas de las consecuencias de abusos hacia los menores en el área de aprendizaje, puede ser un indicador que alerte a los padres, maestros o adultos sobre las vivencias del niño, que por miedo o inseguridad no puede expresar las agresiones que está viviendo.

Una de las formas para detectar la violencia es a través del rendimiento escolar sabiendo que en el menor:
1.- La violencia influye en el aprendizaje. Las amenazas crónicas que viven en el hogar programan la mente del niño a funcionar bajo un estado persistente de miedo y tensión.
2.- No pueden aprender si constantemente están preocupados o temen algo.
3.- No importa su empeño en poner atención y hacer su trabajo, su estado psicológico les impide funcionar y captar sus estudios bien, y ni siquiera ellos mismos saben qué sucede.
4.- A pesar que la escuela se considera un lugar estructurado y seguro, las mentes de los niños siempre anticipan algún problema o amenaza, aunque esto sea incomprensible para los adultos.
5.- Los niños que experimentan preocupaciones son inquietos y distraídos, por lo regular se estremecen al escuchar ruidos inesperados, se les ve estresados y nerviosos sin razón aparente.
6.- Pueden presentar conductas altamente agresivas, hasta obvios problemas de aprendizaje y retraimiento.
7.- Las niñas que viven con temor constante aparentan estar soñando despiertas o estar en otro mundo.
8.- Las escuelas pueden ayudar a estos estudiantes con información y prevención si proveen un ambiente predecible, consistente, seguro y educativo.


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